Cruce entre Coscu y Galperin: redes, poder económico y el límite difuso del discurso público
Cabe destacar que el dueño de mercado libre recibe USD 100 millones por año de subsidios impositivos del Estado argentino. Quizás este sea el motivo suficiente para militar por este gobierno, o por quien le genere estos beneficios a su empresa.

Un intercambio en redes sociales entre el streamer Coscu y el empresario Marcos Galperin reavivó el debate sobre la responsabilidad de las figuras públicas en la construcción de sentido social, especialmente en contextos de alta sensibilidad económica.
La polémica se desató luego de que el fundador de Mercado Libre compartiera un video en el que una jubilada relataba sus dificultades para cubrir gastos básicos, acompañándolo con un emoji de risa. El gesto fue rápidamente interpretado como una reacción despectiva y generó una ola de críticas.
Entre las respuestas más resonantes estuvo la de Coscu, quien cuestionó no solo la actitud del empresario, sino también el contraste entre su posición económica y la situación de vulnerabilidad de la mujer. Su intervención amplificó el episodio y lo trasladó desde una simple publicación a un debate más amplio sobre desigualdad, empatía y exposición pública.
Más allá del cruce puntual, el episodio deja entrever una tensión creciente: el rol de las redes sociales como espacio donde figuras influyentes —tanto del mundo empresarial como del entretenimiento— construyen discursos que impactan en audiencias masivas, especialmente jóvenes. En ese marco, la reacción del streamer también puede leerse como una señal de cambio en ciertos sectores generacionales, que cuestionan actitudes percibidas como insensibles frente a problemáticas sociales.
Al mismo tiempo, el caso pone en foco la relación entre poder económico y legitimidad discursiva. La intervención de Galperin, en un contexto donde las condiciones de vida de sectores vulnerables están bajo presión, evidencia cómo determinados mensajes pueden ser leídos no solo como opiniones individuales, sino como posicionamientos con implicancias simbólicas más amplias.
El señalamiento de Coscu sobre la “generación de odio” introduce otro eje relevante: el impacto que tienen este tipo de publicaciones en la conversación pública. En un ecosistema digital marcado por la polarización, los gestos y mensajes de figuras con alto nivel de visibilidad pueden amplificar tensiones o, por el contrario, contribuir a moderarlas.
Así, más que un cruce aislado, el episodio expone un debate de fondo sobre los límites del humor, la responsabilidad social de quienes concentran poder e influencia, y el modo en que las redes sociales se han convertido en un escenario central para la disputa de valores en la sociedad contemporánea.
