Cristina Kirchner reúne al peronismo en estado de alerta ante inminente fallo judicial
La sorpresiva presencia del gobernador bonaerense Axel Kicillof en el acto por el Día de la Resistencia Peronista, encabezado por Cristina Fernández de Kirchner en la sede del Partido Justicialista (PJ), expone un movimiento político que va más allá de lo simbólico: es un gesto de respaldo explícito en un momento en que la expresidenta enfrenta una inminente definición judicial por parte de la Corte Suprema en la causa Vialidad. Pero también es una señal de posicionamiento dentro del tablero peronista, que empieza a redefinirse de cara al nuevo ciclo electoral.

Aunque en un principio no estaba prevista su asistencia —alegando actividades oficiales en el interior bonaerense—, Kicillof modificó su agenda y se presentó acompañado por una comitiva de intendentes y funcionarios de su máxima confianza, entre ellos Mario Secco, Julio Alak, Verónica Magario y Andrés Larroque. La imagen del gobernador en las primeras filas del acto, flanqueado por Mayra Mendoza y Mariel Fernández, refuerza el mensaje: en tiempos de embates judiciales contra Cristina, Kicillof se alinea sin medias tintas.
Este movimiento tiene múltiples lecturas. En primer lugar, refuerza la narrativa de persecución política que el kirchnerismo viene instalando ante la posibilidad de que la Corte confirme la condena a seis años de prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos. En segundo lugar, marca una toma de partido interna: el gobernador bonaerense, que hasta hace poco había moderado su visibilidad dentro del dispositivo kirchnerista, reaparece como figura leal, en un momento en que el peronismo debate su futuro liderazgo.
Kicillof no solo apoya a Cristina en su rol de víctima del “lawfare”, sino que se posiciona como el heredero legítimo de su capital político en la provincia más importante del país. El respaldo de su espacio, Movimiento Derecho al Futuro, también apuntala esa construcción. En contraste con otros sectores del PJ —más moderados o directamente en silencio frente a la situación judicial de la exmandataria—, el gobernador activa una estrategia de cohesión simbólica en torno a Cristina, consciente de que una eventual proscripción la convertirá en un factor de unidad, incluso sin ser candidata.
El acto en Matheu 130 también sirvió como ensayo de reconfiguración del frente peronista. Con Sergio Massa en un segundo plano y el presidente Javier Milei ocupando todo el escenario nacional, el peronismo empieza a reagruparse no solo desde la resistencia al modelo libertario, sino también desde la reivindicación de su propia historia. La conmemoración del 9 de junio de 1956 —fecha marcada por los fusilamientos en José León Suárez— funcionó como marco para unir memoria, presente judicial y futuro político.
En este contexto, la presencia de Kicillof no fue solo un gesto de lealtad: fue una jugada política de largo alcance. De confirmarse la condena a Cristina, el peronismo deberá redefinir candidaturas, liderazgos y estrategias. Y el gobernador bonaerense parece decidido a ocupar un lugar central en esa disputa. Con su llegada a Matheu, Kicillof no solo respaldó a Cristina; también dio un paso más en su propia proyección nacional.
