15 de junio de 2026

Milei en Israel: una gira que reafirma alineamientos ideológicos y geopolíticos con alto contenido simbólico

El presidente argentino, Javier Milei, continúa profundizando su estrategia internacional con una visita a Israel cargada de gestos políticos, simbología religiosa y definiciones ideológicas.

Ph: C5N

Luego de recorrer el Vaticano, Italia, España y Francia, Milei llegó a Jerusalén para consolidar su relación con el gobierno de Benjamin Netanyahu, a quien definió públicamente como un «amigo» y aliado estratégico. En un contexto de fuerte polarización global y tensiones en Medio Oriente, su visita deja más preguntas que certezas sobre los beneficios reales para la Argentina.

La gira por Israel incluye una reunión con Netanyahu —cuya continuidad al frente del gobierno será debatida en las próximas horas por el Parlamento israelí— y un discurso ante la Knesset, en el que Milei espera reafirmar su respaldo a la política militar israelí tras los ataques de Hamas en octubre de 2023. La posición del mandatario argentino no es novedosa: desde su campaña electoral ha expresado una afinidad ideológica con el gobierno de derecha israelí y ha condenado abiertamente al terrorismo islámico, al punto de anunciar el traslado de la embajada argentina a Jerusalén, en un gesto polémico que rompe con décadas de neutralidad diplomática en el conflicto palestino-israelí.

Uno de los puntos más sensibles de esta visita será el encuentro con familiares de los rehenes argentinos secuestrados por Hamas, un acto que refuerza el tono humanitario de la visita pero que no disimula la intencionalidad política de alinearse sin matices con una de las partes del conflicto. En paralelo, Milei firmará un Memorando de Entendimiento por la Democracia y la Libertad, un gesto que pretende contraponerse al polémico pacto con Irán impulsado por el kirchnerismo durante la presidencia de Cristina Fernández en el marco de la causa AMIA. La lectura oficial busca mostrarlo como un acto de reparación moral y geopolítica, pero en la práctica refuerza una visión unilateral que excluye matices diplomáticos en un tema extremadamente delicado.

Además, la entrega del llamado “Nobel Judío” a Milei por su postura contra el antisemitismo y el terrorismo suma un componente simbólico potente, aunque también discutible. El premio incluye un millón de dólares, suma que Milei donará a una campaña internacional en defensa de Israel con foco en América Latina, reforzando la dimensión ideológica de su apoyo. Desde su entorno destacan que es un «acto de coherencia», pero esa misma coherencia puede implicar costos diplomáticos en una región que, históricamente, ha buscado mantener equilibrios ante un conflicto tan complejo.

Milei cierra en Israel la gira internacional más extensa de su presidencia. Lo hace con una clara orientación hacia una política exterior basada en afinidades ideológicas antes que en intereses estratégicos tangibles para la Argentina. Su discurso antiestatista y liberal se mezcla aquí con una narrativa religiosa y moralizante, que busca colocar al país como un actor ético en el escenario internacional, aunque sin evidencias claras de beneficios económicos, comerciales o multilaterales concretos.

Esta visita, más allá de los símbolos, deja al descubierto una política exterior que elige aliados ideológicos por sobre la prudencia diplomática. La pregunta de fondo sigue siendo si esta estrategia traerá resultados reales para una Argentina en crisis o si se trata, simplemente, de una performance internacional con rédito interno para reforzar el perfil mesiánico de su presidente.

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