12 de julio de 2026

Crisis silenciosa: el salario mínimo acumula una caída del 32% y ya es más bajo que en 2001

La caída del salario mínimo a niveles previos a la crisis de 2001 es un dato que debería encender todas las alarmas. No se trata solo de una cifra más en un informe técnico, sino de un reflejo directo del fracaso de un modelo económico que ajusta sobre los más pobres. Mientras se festejan equilibrios fiscales o superávits comerciales, millones de argentinos no llegan a fin de mes. El salario mínimo ya no es vital, ni móvil, ni justo. Y eso tiene consecuencias.

El Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) volvió a caer en abril de 2025 y confirmó una tendencia alarmante: el poder adquisitivo de los trabajadores que menos ganan se desploma sin freno.

Según datos del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA, el SMVM perdió un 0,8% de su valor real ese mes, completando tres meses consecutivos de descenso. Desde noviembre de 2023, la contracción acumulada alcanza el 32%.

Este dato, que parece técnico, refleja una realidad brutal: el ingreso mínimo legal de un trabajador en Argentina ya está por debajo del nivel que tenía en 2001, antes de la implosión de la convertibilidad. Peor aún, se ha erosionado un 62% respecto de su valor máximo registrado en septiembre de 2011. En pocas palabras: el salario mínimo nunca compró tan poco como ahora.

Una curva descendente que no encuentra piso

El deterioro actual no comenzó en abril, ni siquiera en 2025. Según el informe del IIEP, el proceso de pérdida del valor real del SMVM se desató en diciembre de 2023, cuando la devaluación de más del 50% impulsada por el gobierno de Javier Milei generó una caída abrupta del 15%. En enero de 2024, el golpe fue aún mayor: -17%.

Si bien en los meses siguientes hubo cierta estabilización nominal —producto de una inflación que fue acompañada por aumentos similares en el salario— la tendencia no se revirtió. Hubo retrocesos puntuales, como el de junio de 2024 (-4,4%), y breves alivios como el de julio (4,3%), pero el panorama general fue de deterioro continuo.

Los aumentos otorgados en diciembre y enero (0,3%) no alcanzaron a revertir el proceso, y en los primeros cuatro meses de 2025 el SMVM siguió en caída: -0,4% en febrero, -2,1% en marzo y -0,8% en abril.

Un salario que ya no es vital ni móvil

Lo más grave no es solo el retroceso estadístico, sino su significado político y social. El salario mínimo, que por ley debe ser «vital y móvil», dejó de cumplir ambas funciones. Ya no garantiza la subsistencia de un trabajador, y mucho menos de su familia. Tampoco se ajusta con suficiente agilidad como para compensar la inflación, que sigue siendo el principal flagelo económico del país.

Este fenómeno golpea especialmente a trabajadores no registrados, cooperativistas, beneficiarios de programas sociales y empleados formales cuyos ingresos están atados al SMVM. En otras palabras: afecta a los sectores más vulnerables del mercado laboral, que dependen del salario mínimo como piso de dignidad económica.

La paradoja de la “libertad económica”

En un país que se debate entre ajustes fiscales, recortes de subsidios y liberalización de precios, el salario mínimo parece quedar afuera del debate público. La narrativa oficial sobre “libertad económica” omite sistemáticamente la discusión sobre ingresos reales, y el Consejo del Salario —que debería funcionar como ámbito de actualización periódica del SMVM— ha perdido protagonismo.

La caída sostenida del salario mínimo revela una política económica orientada a reducir el «costo laboral» en nombre de la competitividad, sin ofrecer una alternativa de crecimiento inclusivo. Mientras tanto, el consumo interno se desploma, y con él, la posibilidad de una recuperación genuina.

Una crisis que anticipa conflictos

La regresión del salario mínimo no es solo un síntoma económico, sino un detonante político. Con el nivel de ingresos por el piso, la tensión social crece. Ya se observa un incremento en las protestas sindicales, los conflictos laborales y la presión sobre los movimientos sociales, que actúan como red de contención ante la inacción estatal.

Si el gobierno no modifica el rumbo, el deterioro del SMVM podría convertirse en una de las principales causas de desestabilización en los próximos meses. No hay país viable con trabajadores empobrecidos.

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