Crisis en Tía Maruca: atraso salarial, recesión industrial y un futuro incierto para 300 trabajadores
La planta de Tía Maruca, ubicada en Albardón, San Juan, enfrenta una situación crítica que golpea directamente a al menos 300 trabajadores: atrasos salariales, baja en las ventas y un escenario de recesión que afecta al conjunto de la industria alimenticia en la Argentina.

El conflicto pone en evidencia la fragilidad estructural de las pequeñas y medianas empresas en el actual contexto económico, así como la tensión creciente entre los trabajadores y el empresariado.
El conflicto se originó el pasado 7 de mayo, cuando los trabajadores debían recibir la totalidad de los haberes correspondientes al mes de abril. Esto no ocurrió: la empresa sólo depositó aproximadamente el 50% de los salarios, desatando el malestar en la planta. Empleados nucleados en organizaciones internas denunciaron la situación y reclamaron el cumplimiento de los pagos en tiempo y forma.
“Tendrían que habernos pagado el cuarto día hábil del mes y eso no pasó. Seguimos sin cobrar todo lo trabajado en abril”, explicaron desde el sector obrero, que enfrenta casi medio año de incertidumbre en medio de idas y vueltas con la conducción de la compañía.
Desde Dilexis, empresa dueña de la marca Tía Maruca, su CEO Pablo Tamburo reconoció la dificultad financiera, aunque trató de llevar tranquilidad con un mensaje de resistencia y continuidad:
Tamburo descartó versiones sobre una posible venta de la planta o un cierre inminente, y apeló al tono épico para sostener la idea de permanencia:
No obstante, entre líneas, su discurso revela una preocupación real por la falta de capital y la necesidad de atraer inversores para sostener la operación: “Si algún inversor quiere apostar a esto, bienvenido”.
Una postal repetida: las alimenticias en jaque
El caso de Tía Maruca no es aislado. Empresas como Lipo, otro emblema del rubro, también sufren la caída en las ventas, la suba de costos y la pérdida de rentabilidad. Lo que antes era un sector relativamente estable hoy se tambalea frente a una demanda interna en picada, aumentos sostenidos en tarifas y salarios desactualizados, que deterioran el poder adquisitivo de sus consumidores y empleados.
Tía Maruca produce una línea diversificada de galletitas, pepas y otros productos de consumo masivo, pero enfrenta el dilema de muchas pymes familiares: una estructura chica, márgenes ajustados y escasa espalda financiera para resistir un shock económico prolongado. Los dueños, Matías y Mariela Lipovetzky, siguen al frente de la firma, que se construyó en base a una producción de más de 2 millones de caramelos diarios y 100 variedades de productos.
Un modelo en crisis
La situación en Albardón deja al descubierto la vulnerabilidad del modelo pyme argentino, que sin acceso al crédito, con inflación alta y sin políticas de protección industrial, queda expuesto a situaciones como estas. La tensión no se reduce a una interna entre trabajadores y patronal: expone una política económica que ha dejado sin red a sectores fundamentales del aparato productivo nacional, incluso en áreas tan sensibles como la alimenticia.
Si bien la empresa asegura que seguirá operando, el atraso salarial se convierte en una alarma social: detrás de cada sueldo impago hay familias enteras que dependen de ese ingreso para subsistir. El mensaje es claro: la crisis de las pymes no se resuelve con épica, sino con políticas públicas que garanticen producción, consumo y empleo. De lo contrario, más allá de promesas de continuidad, el horno —como la planta— no estará para galletitas.
