12 de julio de 2026

Crisis en los frigoríficos: 2.000 empleos en riesgo y un modelo productivo que se desangra

La industria frigorífica argentina atraviesa un colapso que amenaza con dejar a miles de trabajadores en la calle y arrastrar consigo a uno de los sectores más emblemáticos de la economía nacional.

La caída del consumo interno, el derrumbe de las exportaciones y el aumento explosivo de costos conforman una tormenta perfecta que ya derivó en despidos masivos, cierres de plantas y pedidos de concurso preventivo.

El diagnóstico es lapidario: “alarmante”, según Sebastián Lastiri, titular de la Agencia La Pampa de Inversiones y Comercio Exterior (I-Comex). Solo en su provincia hay 2.000 empleos en riesgo, un dato que grafica la magnitud de la crisis. El epicentro está en La Pampa, Santa Fe y Buenos Aires, regiones históricamente ligadas a la carne vacuna y que hoy ven cómo el corazón de su economía late cada vez más débil.

Los números explican la tragedia. Las exportaciones cayeron un 30% a nivel nacional y más del 40% en La Pampa, golpeadas por la baja de precios internacionales —con China reduciendo su demanda— y nuevos aranceles en Estados Unidos. En paralelo, el consumo interno no despega: aunque el primer semestre mostró un leve repunte interanual (5,2%), los precios en góndola ahogan la demanda popular.

Como si fuera poco, el costo operativo se disparó: tarifas, insumos dolarizados y un tipo de cambio que el sector considera “distorsivo” reducen la rentabilidad al mínimo. El resultado: plantas que paran o ajustan vía despidos. Frigorífico San Telmo, en Mar del Plata, cerró desde abril y echó a 56 empleados; Devesa, en Buenos Aires, ya despidió a 40 personas y proyecta 150; Euro, en Santa Fe, ejecutó 70 cesantías.

Pero el caso más crítico es el del frigorífico HV en Bernasconi, La Pampa. La empresa pidió concurso preventivo con una deuda bancaria superior a $6.100 millones y más de 600 cheques rechazados. Aunque insiste en que sigue operando, admite un “desequilibrio económico-financiero transitorio” que amenaza con transformarse en una quiebra inevitable.

La dimensión social del problema es brutal: según FADA, la cadena cárnica (vacuna, aviar y porcina) genera unos 800.000 empleos directos e indirectos. Cada despido, advierte Lastiri, es un golpe al tejido económico local y una señal de alarma para un país que se jacta de ser potencia alimentaria, pero que no logra sostener su estructura productiva.

La pregunta de fondo es si esta crisis responde solo a la coyuntura o si estamos frente al colapso de un modelo sin competitividad real en un mercado global feroz. Por ahora, el Gobierno promete “analizar medidas”, mientras las provincias ensayan paliativos que lucen insuficientes.

En los frigoríficos, la incertidumbre ya tiene olor a sangre: la del empleo, la de la producción y la de un símbolo de la identidad argentina.

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