Crisis en farmacias: cerró la histórica cadena Autofarma y dejó 210 trabajadores en la calle y sueldos adeudados
Mientras empresas y obras sociales cruzan responsabilidades por el deterioro financiero, 210 trabajadores quedaron sin empleo y con salarios e indemnizaciones pendientes. El dato más preocupante es que detrás de los números de cierres y quiebras hay una cadena laboral que se rompe y familias que quedan expuestas a una crisis cuya solución, por ahora, aparece lejos de concretarse.

La crisis que atraviesa el sector farmacéutico argentino sumó un nuevo golpe con el cierre de Autofarma, una histórica cadena de la Patagonia que, después de casi seis décadas de actividad, dejó de operar sus 17 sucursales en Santa Cruz y Tierra del Fuego.
La medida provocó el despido de 210 trabajadores, que además denuncian que la empresa mantiene deudas salariales y laborales.
La firma, fundada en 1967 bajo el nombre de Farmacia Pueblo, había construido durante décadas una fuerte presencia comercial en la región. Sin embargo, el deterioro financiero terminó desembocando en el cierre de todos sus establecimientos.
Los empleados aseguran que quedaron pendientes los salarios correspondientes a junio, julio y agosto, el medio aguinaldo y las indemnizaciones por despido.
El conflicto adquiere una dimensión especialmente grave porque, según los trabajadores, la empresa tampoco garantizaría el reconocimiento de la totalidad de las indemnizaciones vinculadas con la antigüedad. Algunos empleados aseguran llevar más de una década en la compañía y otros acumular hasta 25 años de trabajo.
La situación deja a cientos de familias frente a un escenario de incertidumbre económica, mientras se multiplican los reclamos ante las autoridades laborales de Santa Cruz y Tierra del Fuego. Los trabajadores anticiparon que recurrirán a la Justicia para intentar cobrar los salarios y las indemnizaciones adeudadas.
Desde la empresa, en cambio, atribuyeron el colapso financiero a los problemas de pago de la Obra Social del Estado Fueguino (OSEF). Los propietarios sostienen que las demoras en la cancelación de las prestaciones afectaron seriamente el flujo de fondos, hasta impedir la reposición de medicamentos y el pago de compromisos con droguerías, proveedores y empleados.
El argumento expone uno de los principales problemas que atraviesa actualmente el negocio farmacéutico: la dependencia de una cadena de pagos cada vez más tensionada. Cuando las obras sociales y prepagas acumulan atrasos, las farmacias enfrentan dificultades para sostener el capital de trabajo necesario para reponer medicamentos y afrontar sus obligaciones.
El impacto termina trasladándose a toda la cadena, con los trabajadores como uno de los eslabones más vulnerables.
El caso de Autofarma, además, no constituye un episodio aislado. La reciente quiebra de Farmacias Dr. Ahorro, que implicó el cierre de 41 sucursales y la pérdida de más de 300 puestos de trabajo, elevó a 510 el número de trabajadores afectados por ambos procesos.
Más allá de las responsabilidades particulares que deberán determinarse, los cierres revelan una problemática estructural.
La discusión no se limita a la situación financiera de una empresa o a las deudas de una obra social: pone en evidencia la fragilidad de un modelo en el que los retrasos en los pagos pueden terminar paralizando establecimientos con décadas de trayectoria.
El interrogante es si Autofarma constituye un caso excepcional o el anticipo de una crisis más extendida. Los trabajadores advierten que existen otras farmacias atravesando dificultades similares y reclaman una intervención urgente de los organismos provinciales y nacionales.
