«Con los chicos no»: repudio transversal a Milei por utilizar a un niño con autismo como blanco político
El presidente Javier Milei desató una nueva tormenta política y social este domingo al publicar en sus redes una imagen de Ian Moche, un niño de 12 años con autismo, junto a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Lejos de tratarse de un gesto inocente, el mensaje fue leído como una embestida política con una víctima inadmisible: un menor con discapacidad. El repudio no tardó en llegar, y uno de los primeros en alzar la voz fue el exministro del Interior Eduardo «Wado» de Pedro, quien criticó con dureza al mandatario.
“Con los chicos no”, sentenció De Pedro, sintetizando el rechazo colectivo a una publicación que excedió los límites del debate político. “No merecen ser víctimas de este tipo de ataques. Es urgente que el Gobierno nacional detenga la violencia que está generando. Son chicos y familias que sufren. Son personas reales, no trolls de redes sociales”, agregó el exfuncionario, marcando el tono de una denuncia que unificó voces de distintos sectores políticos y sociales.
El presidente compartió una imagen tomada durante un encuentro entre Ian y Cristina Kirchner ocurrido hace un año, cuyo video fue recientemente subido por la expresidenta. La reacción de Milei —aparentemente motivada por ese posteo— no apuntó a un hecho político, sino a la utilización simbólica del niño, convertido en involuntario protagonista de una disputa que nada tiene que ver con él.
Ian Moche no es un personaje político. Es un niño que lucha por la visibilización del autismo, cuyos padres trabajan incansablemente por la inclusión. Convertirlo en blanco de ironías, burlas o mensajes con doble sentido en redes sociales no solo es un acto de violencia simbólica, sino una clara demostración del desdén con el que el actual gobierno trata los límites institucionales y éticos.
Análisis crítico: el límite moral de la política
La polémica desatada por el posteo presidencial no es un episodio aislado. Se inscribe dentro de una estrategia comunicacional basada en la provocación, la agresión y la construcción de enemigos simbólicos. Sin embargo, la utilización de un menor con discapacidad marca un punto de quiebre moral. No hay grieta, ideología ni estrategia que justifique este tipo de ataques.
Si un presidente no distingue entre adversarios políticos y niños, si no reconoce la dignidad de una persona con autismo y la expone a la viralización maliciosa de sus seguidores, entonces no estamos ante un acto polémico, sino ante un ejercicio del poder peligrosamente deshumanizado.
La política puede ser feroz, pero tiene límites. Y uno de ellos —ineludible, ético, básico— es la infancia y la discapacidad. Desconocerlo no solo degrada el discurso público, sino que habilita un tipo de violencia simbólica que impacta en los más vulnerables: aquellos que deberían estar más protegidos.
El repudio a Milei no es una reacción “política”: es un grito social que exige respeto, límites y responsabilidad institucional. Porque con los chicos, señor Presidente, no se juega.
