Colapso industrial en la era Milei: ya cerraron 30.000 pymes y podrían desaparecer otras 30.000 antes de fin de año
El panorama industrial argentino atraviesa una crisis de dimensiones devastadoras, y las pymes —columna vertebral del aparato productivo nacional— están siendo arrasadas por las políticas económicas del gobierno de Javier Milei.

Según un informe del Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA), desde el inicio de su gestión ya cerraron 30.000 pequeñas y medianas empresas, se perdieron más de 70.000 empleos y el derrumbe amenaza con duplicarse antes de fin de año.
Con una apertura indiscriminada de importaciones, tasas de interés impagables y una profunda caída del consumo interno, el modelo económico libertario no sólo está destruyendo tejido productivo, sino también expulsando trabajadores del sistema a un ritmo alarmante.
De mantenerse esta tendencia, advierten desde IPA, otras 30.000 pymes cerrarían en lo que queda de 2025, arrastrando consigo hasta 300.000 empleos formales más. Es decir, un promedio de 6.000 empresas y 60.000 puestos de trabajo perdidos por mes.
Lejos de cumplir su promesa de reactivar la economía a través de una supuesta “liberación del mercado”, el gobierno está generando una desindustrialización acelerada. Daniel Rosato, presidente de IPA, lo sintetizó con crudeza: “El ingreso masivo de productos importados significa despidos, suspensiones y cierres. Esto va a ir in crescendo”.
Para las pymes, competir en igualdad de condiciones con productos fabricados en países con subsidios, costos laborales bajos y políticas proteccionistas es simplemente imposible. Y el Estado argentino, en vez de protegerlas, las está empujando al borde de la desaparición.
Las tasas de interés —que alcanzan hasta el 70% anual— ahogan cualquier intento de financiamiento productivo. Las pymes no son consideradas sujetos de crédito, y el recorte llega entonces por la única vía disponible: reducción de horas, achicamiento de turnos, suspensiones y despidos. A su vez, esta precarización del empleo profundiza la caída del consumo, cerrando un círculo vicioso en el que la recesión se retroalimenta.
Lo más preocupante es que esta crisis no se limita a sectores históricamente frágiles. Incluso industrias consideradas estratégicas, como petróleo, minería y energía, están dejando de comprar insumos nacionales para importar hasta los componentes más básicos. La consecuencia: fábricas locales vacías, operarios despedidos y una matriz productiva en plena desintegración.
Frente a la asfixia, algunas pymes intentan sobrevivir reconvirtiéndose en importadoras. Pero esa estrategia, lejos de ser una solución, implica el abandono definitivo de la producción local y la pérdida masiva de empleo. Lo que sobrevive no es la industria, sino el negocio de la reventa, alimentando una economía primarizada y dependiente.
Desde IPA, el diagnóstico es claro y urgente: se necesitan medidas inmediatas para frenar el colapso. Entre ellas, bajar las tasas, revisar la política importadora, reducir la presión impositiva y resolver el costo energético y laboral que hoy desalienta toda inversión. “Se destruyen más empleos de los que se crean”, remarcó Rosato, alertando también sobre el impacto que ya golpea a la construcción y al empleo público.
La motosierra de Milei no está podando privilegios, como se prometió. Está talando la base misma de la economía real: la industria nacional, el trabajo y las pequeñas empresas que sostienen el empleo formal en todo el país.
Si la política económica no se corrige, cuando la crisis finalmente aparezca en los indicadores oficiales, será demasiado tarde para muchas fábricas. Y detrás de cada cierre, no hay cifras abstractas, sino familias que pierden su sustento y comunidades enteras que ven apagarse su capacidad de desarrollo.
