Colapso industrial en Argentina: la utilización de la capacidad instalada cae a mínimos históricos
El sector industrial sufre uno de los peores arranques de año en su historia. Con solo un 54,4% de uso de su capacidad instalada en marzo, la producción se desploma y la apertura de importaciones deja a las pymes al borde del abismo.

La industria argentina atraviesa una de sus crisis más profundas en décadas. Los datos publicados por el INDEC revelan una radiografía preocupante: en marzo de 2025, la utilización de la capacidad instalada (UCII) cayó al 54,4%, uno de los tres niveles más bajos desde que existen registros.
Solo fue superado por el 2020, marcado por la pandemia de COVID-19, y por el propio 2024, primer año del actual gobierno.
Lejos de ser un fenómeno estacional, la caída sorprendió incluso frente al desempeño del verano. La comparación interanual confirma una tendencia alarmante: el aparato productivo está funcionando a la mitad de su capacidad, lo que refleja tanto un estancamiento interno como un retroceso estructural. Según el promedio del primer trimestre, la industria operó al 56%, consolidando el tercer peor inicio de año de la serie histórica.
El desplome no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una combinación explosiva de políticas económicas y contexto internacional. A la caída del consumo se suma la incertidumbre cambiaria, el freno de inversiones y, sobre todo, la apertura indiscriminada a importaciones, que ha diezmado a miles de pequeñas y medianas empresas.
La apertura comercial, una sentencia para las pymes
La política económica del gobierno de Javier Milei, centrada en el ajuste fiscal, la liberalización del comercio y la desregulación del mercado, ha generado una ola de consecuencias negativas para el entramado productivo nacional. El último informe de la Unión Industrial Argentina (UIA) advierte que la importación de bienes de consumo creció un 75,7% interanual, desplazando productos fabricados localmente.
El impacto es especialmente devastador para las pymes. Según datos del Observatorio Pyme, el 40% de las empresas industriales de ese sector se siente amenazado por la competencia externa, y más de la mitad ya registra una pérdida de participación en el mercado interno. Esta situación remite a otros años de apertura comercial agresiva como 2016 o 2018, períodos en los que también se destruyó empleo y se contrajo la producción nacional.
Producción detenida, inversión congelada
El dato de utilización de la capacidad instalada no solo muestra cuánto se produce, sino también cuánto se podría producir con la infraestructura existente. Cuando el nivel se ubica entre el 70% y el 80%, se considera óptimo: es cuando las empresas invierten para crecer. Hoy, sin embargo, ese escenario parece lejano. Con niveles por debajo del 55%, la industria está parada y la inversión, ausente.
El freno de la actividad fabril ya tiene consecuencias concretas: destrucción de puestos de trabajo, caída de exportaciones con valor agregado y pérdida de autonomía productiva. La tendencia a importar bienes terminados, en lugar de producirlos localmente, condena al país a depender del exterior mientras debilita su tejido industrial.
Un modelo que prioriza el mercado externo por sobre la producción nacional
El enfoque del gobierno, que celebra la “libertad de mercado” y apuesta por la desregulación, parece ignorar el rol estratégico de la industria en el desarrollo económico. Lejos de promover eficiencia, la apertura comercial está desmantelando el aparato productivo, sin generar mecanismos que lo fortalezcan. Lo que se presenta como una solución de corto plazo, a través del ingreso de productos más baratos, esconde un costo social y económico altísimo: la pérdida de empleos industriales, la caída del salario real y la dependencia externa.
En un contexto donde los indicadores industriales compiten con los peores momentos del país, la pregunta que flota es: ¿cuánto más puede resistir un país sin industria? El deterioro no es técnico, es político. Y exige respuestas urgentes antes de que la recuperación se vuelva una utopía lejana. Porque sin industria, no hay futuro.
