Ciudades alrededor del mundo se organizan para frenar el avance desmedido de las granjas de servidores de IA
Cuarenta alcaldes de diversas urbes, desde Phoenix hasta Melbourne, han formado una alianza internacional para protestar contra el crecimiento de los centros de datos dedicados a la inteligencia artificial. Estos líderes municipales advierten que dichas instalaciones están consumiendo de forma excesiva los recursos energéticos, hídricos y el espacio urbano, por lo que han decidido no permanecer pasivos.

Este grupo de mandatarios ha rubricado un acuerdo sin precedentes que define las exigencias bajo las cuales autorizarán la instalación de estos centros en sus territorios. La iniciativa surge en un contexto donde las autoridades locales están comenzando a enfrentarse a una industria que, según denuncian, sobrecarga los sistemas eléctricos, vacía las reservas de agua y obstaculiza la construcción de viviendas.
El documento fue presentado durante la «Semana de Acción Climática de Londres» por C40 Cities, una red de casi un centenar de urbes comprometidas con la lucha contra el cambio climático. Este pacto establece directrices comunes en temas como el uso de energías renovables, la ubicación de las instalaciones, la gestión del agua y el retorno social para las comunidades. Se trata del primer esfuerzo coordinado a nivel planetario de los gobiernos municipales para anticiparse a la proliferación de estos centros antes de que la situación se vuelva incontrolable.
Del problema compartido a la acción conjunta La idea surgió de un diálogo entre los alcaldes de Phoenix y Melbourne, quienes notaron que enfrentaban dificultades casi idénticas: centros de datos que devoran enormes cantidades de electricidad y agua, y que compiten directamente con los constructores de viviendas por el terreno disponible. Cassie Sutherland, directora gerente de C40, explicó que al ver que los desafíos eran muy parecidos en todas las regiones, decidieron unir sus voces para acordar los términos bajo los cuales aceptarían estos proyectos.
Phoenix, por ejemplo, es uno de los diez mercados más grandes para centros de datos en Norteamérica. Si se aprobaran todas las solicitudes de licencia pendientes, la demanda eléctrica de la ciudad se duplicaría. Su alcaldesa, Kate Gallego, sostiene que la actual ola de inversiones está empeorando el cambio climático sin ofrecer beneficios reales a los vecinos. «Reconocemos la importancia importancia de la innovación y los buenos empleos que genera, pero queremos hacerlo de manera correcta para nuestra gente y para el planeta», señaló.
En Melbourne, la situación es igualmente crítica. El alcalde Nicholas Reece advierte que, de seguir los planes actuales, los centros de datos consumirían hasta 20.000 millones de litros de agua anuales, lo que representa cerca del 4% del agua potable disponible, en un momento donde el suministro ya está tensionado por el crecimiento poblacional y las sequías.
Lo que exige el nuevo acuerdo Las reglas son precisas: los centros de datos deberán instalarse en terrenos baldíos o subutilizados, operar con energía limpia y baterías de almacenamiento, reducir su consumo de agua y emisiones, y reutilizar el calor que generan. Además, estarán obligados a crear puestos de trabajo locales, adquirir insumos de la zona, costear sus propias mejoras de infraestructura y dialogar con las comunidades afectadas.
Los alcaldes son conscientes de que su poder individual es limitado. Sutherland aclara que este pacto debe traducirse en normativas locales concretas, con el apoyo de las empresas de servicios públicos, otros niveles de gobierno y el sector privado.
Cerca de la mitad de las 40 ciudades firmantes son estadounidenses, como Seattle, Chicago, Miami, Phoenix y Palo Alto. También se sumaron urbes de Grecia, España, Italia, Alemania, Reino Unido, Noruega, Canadá, Kenia, Sudáfrica, Sierra Leona, Costa de Marfil, India, Australia y Líbano.
Un vacío notable: el sudeste asiático Llama la atención que ninguna ciudad del sudeste asiático haya firmado el acuerdo, a pesar de que la región concentra una cuarta parte del crecimiento mundial de la demanda energética. Según el laboratorio de ideas Ember, ya hay más de 2.000 centros de datos operando en Indonesia, Malasia, Singapur, Tailandia, Vietnam y Filipinas. La Agencia Internacional de la Energía prevé que el consumo anual de energía de estas instalaciones se duplicará en cinco años. Malasia, en particular, se ha convertido en un destino clave para inversiones de gigantes como Microsoft, Google y Nvidia.
Varias urbes del sudeste asiático indicaron que no podían adherirse al pacto debido a políticas nacionales u otras trabas, aunque C40 asegura que las conversaciones siguen abiertas.
Los centros de datos tienden a concentrarse en las ciudades porque los sistemas de IA necesitan respuestas casi instantáneas, lo que obliga a estar cerca de los usuarios. Andrew Batson, experto en centros de datos de JLL, explica que estas instalaciones suelen agruparse formando ecosistemas metropolitanos, y solo recientemente se ha empezado a impulsar su desarrollo hacia zonas rurales.
Las ciudades firmantes confían en que una postura unificada cambiará las reglas del juego. Como resume la alcaldesa Gallego, sin este frente común, los promotores simplemente buscarán urbes que no tengan la fuerza para exigir condiciones mejores.
