Cierre de Cocot y Dufour: despidos, pagos fraccionados, expone la fragilidad laboral en la industria textil
El cierre de Cocot y Dufour no solo significa la pérdida de 140 empleos inmediatos, sino también una señal de alerta sobre la sostenibilidad de empresas tradicionales en un contexto económico que exige transparencia, planificación y responsabilidad social hacia los trabajadores y las comunidades que dependen de ellas.

La histórica fábrica textil Cocot y Dufour, ubicada en el barrio porteño de Parque Chas, cesó sus operaciones y dejó en la calle a sus últimos 140 empleados, completando un proceso de despidos que redujo su plantilla de 500 trabajadores a menos de un tercio. Más allá de la pérdida de empleo, el cierre expone prácticas laborales cuestionables y una tensión creciente entre trabajadores y la empresa.
Según denuncian los operarios, la compañía comenzó a abonar sueldos, aguinaldos y vacaciones en cuotas, sin informar fechas claras de pago. Esta modalidad generó alarma y malestar entre los trabajadores, que respondieron con cortes de calle y permanentes asambleas frente a la planta, llevando el conflicto hasta episodios de fuerte confrontación verbal con representantes de Recursos Humanos.
La justificación empresarial alude a una supuesta crisis económica, aunque el funcionamiento pleno de la fábrica en turnos de 24 horas contradice esa versión y alimenta la crítica de gremialistas y delegados, que denuncian inconsistencias en la gestión. La situación deja en evidencia que los despidos y pagos fraccionados no solo afectan la economía de los trabajadores, sino que también revelan la falta de transparencia y planificación en la conducción de empresas históricas de la industria textil.
Analistas y representantes gremiales advierten que casos como el de Cocot y Dufour no son aislados. La combinación de apertura de importaciones, presión sobre costos y prácticas empresariales cuestionables ha generado un patrón de cierres progresivos en el sector, donde los derechos laborales quedan subordinados a la emergencia económica declarada por la propia empresa. El conflicto, además, evidencia el impacto social en barrios que históricamente convivieron con estas fábricas y cuya dinámica cotidiana dependía de la actividad industrial.
