29 de octubre de 2026

Cerró otra fábrica textil y 120 trabajadores a la calle

La evolución de las ventas, la producción y las condiciones de financiamiento será determinante para conocer si el sector consigue estabilizarse o si continúan multiplicándose las dificultades para las fábricas y sus trabajadores.

Foto: Infogremiales

Will Der S.A., ubicada en el partido bonaerense de Tigre, interrumpió sus operaciones y dejó a sus empleados sin poder ingresar a la planta.

Los trabajadores aseguran que fueron informados por WhatsApp, todavía no recibieron los telegramas de despido y reclaman el pago de salarios y otras obligaciones pendientes. El caso se suma al deterioro que atraviesa la industria textil argentina.

El cierre de otra fábrica textil vuelve a poner en primer plano las dificultades que enfrenta el sector manufacturero y sus consecuencias sobre el empleo. Esta vez, el impacto alcanza a los 120 trabajadores de Will Der S.A., una empresa radicada en la localidad de Pacheco, partido de Tigre, que este lunes paralizó sus actividades y mantuvo cerradas las puertas de su establecimiento.

Los empleados llegaron a la planta y encontraron personal de seguridad que les impidió ingresar. La situación se produjo después de que, el viernes anterior, uno de los propietarios comunicara en una reunión grupal que la fábrica dejaría de funcionar y que no debían presentarse al comienzo de la semana.

Sin embargo, hasta el momento de los testimonios difundidos, los operarios afirmaban que no habían recibido notificaciones formales de despido.

La falta de información oficial sobre su situación contractual profundizó la incertidumbre. Para los trabajadores, el problema no se limita a la pérdida de su fuente laboral, sino que también incluye dudas sobre las indemnizaciones, los haberes pendientes y otras obligaciones que la empresa debe resolver.

De acuerdo con los testimonios recogidos por C5N, el sábado los empleados recibieron un mensaje de WhatsApp enviado por el abogado de la compañía. En esa comunicación se les habría informado que no estaban despedidos, sino suspendidos, y que la firma se contactaría individualmente con cada uno para avanzar en un acuerdo.

La diferencia entre ese mensaje y el cierre de las instalaciones generó más interrogantes entre los operarios, que reclaman una explicación formal sobre el futuro de la empresa y su situación laboral.

Mirta, una trabajadora con cuatro años de antigüedad, relató que el personal se encontró con el acceso bloqueado cuando se presentó en la fábrica. Verónica, que lleva cinco años en la compañía, sostuvo que los empleados necesitan garantías sobre el cumplimiento de las obligaciones pendientes y advirtió que algunos todavía tienen vacaciones sin cobrar.

La incertidumbre también afecta a quienes se encontraban de licencia cuando se produjo la comunicación. Zulma contó que estaba de vacaciones cuando recibió el mensaje y que, al regresar a la planta, se encontró con las puertas cerradas.

Los trabajadores cuestionaron, además, la ausencia de una comunicación institucional clara y señalaron que las organizaciones gremiales tampoco habrían sido informadas con anticipación. La falta de precisiones impide, por ahora, conocer cuáles serán los pasos administrativos y legales que seguirá la empresa.

La paralización de Will Der S.A. deja a 120 trabajadores frente a un escenario de incertidumbre sobre la continuidad de sus ingresos. Mientras no se formalice la situación de cada empleado, persisten las dudas sobre si se trata de suspensiones transitorias, despidos definitivos o una instancia previa a la negociación de las condiciones de salida.

El reclamo central de los operarios es que se respeten sus derechos laborales y se cancelen las sumas adeudadas. La eventual negociación individual, mencionada en el mensaje enviado por la representación legal de la compañía, deberá esclarecer las condiciones en las que se resolverá la situación de cada trabajador.

Más allá de las circunstancias particulares de la empresa, el episodio vuelve a mostrar cómo una crisis productiva puede trasladarse rápidamente al empleo y dejar a decenas de familias sin certezas sobre su futuro económico.

La industria textil, entre la caída de la actividad y la pérdida de empleo

El caso de Will Der S.A. se produce en un contexto de contracción del sector textil, que enfrenta dificultades para sostener sus niveles de producción y ventas. Según los datos incluidos en el informe, en mayo de 2026 la actividad textil cayó un 25,6% interanual, frente a una disminución del 2,5% para el conjunto de la industria manufacturera.

La comercialización de indumentaria también mostró señales negativas. De acuerdo con la Cámara Argentina de la Indumentaria, las ventas registraron una caída interanual del 6,9% durante el tercer bimestre de 2026.

Estos indicadores describen un escenario en el que las empresas deben desenvolverse con una demanda debilitada y menores posibilidades de sostener sus niveles de actividad. Sin embargo, las cifras sectoriales no permiten atribuir automáticamente el cierre de una compañía a una única causa: para establecer los motivos específicos de la decisión de Will Der S.A. sería necesario contar con información adicional sobre su situación económica y financiera.

En paralelo, las estadísticas oficiales citadas en el informe indican que, desde la asunción de Javier Milei, se perdieron 341.396 puestos de trabajo registrados y cerraron 28.262 empresas. Se trata de cifras agregadas que reflejan la evolución del empleo formal y del tejido empresarial, aunque su alcance depende del período de comparación y de la definición estadística utilizada.

El cierre de la planta de Pacheco expone una de las consecuencias más inmediatas de la retracción industrial: la pérdida de puestos de trabajo y la incertidumbre que se genera cuando las decisiones empresariales no vienen acompañadas de información clara para los empleados.

La situación de los 120 operarios dependerá de las próximas comunicaciones de la empresa, de la formalización de su situación laboral y de la resolución de los reclamos económicos pendientes. Hasta entonces, el cierre de las instalaciones y la falta de documentación formal mantienen abierto un escenario de preocupación.

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