Cerró la fábrica de un ex jugador y ex DT de Los Pumas, era proveedor de Adidas y Salomon, 120 trabajadores despedidos
La empresa de indumentaria deportiva bajó las persianas de sus plantas en General Pacheco y Las Flores en un contexto de caída del consumo, apertura importadora y fuerte retracción industrial. Los trabajadores denuncian salarios adeudados, falta de telegramas de despido y una comunicación empresarial marcada por la incertidumbre.

El cierre de Will Der, una empresa argentina dedicada a la confección de indumentaria deportiva que trabajó para marcas internacionales como Adidas, Salomon, Puma y Vans, se convirtió en otro síntoma del deterioro que atraviesa la industria textil nacional. La firma, de la que es socio el exjugador y exentrenador de Los Pumas, Santiago Phelan, cesó sus operaciones en las plantas de General Pacheco (Tigre) y Las Flores, dejando a unos 120 trabajadores frente a un escenario de profunda incertidumbre laboral.
La decisión no puede analizarse como un caso aislado. Llega en medio de una combinación de factores que viene afectando a buena parte del entramado textil argentino: caída del consumo interno, aumento de costos operativos, pérdida de competitividad y mayor presión de productos importados. En los últimos meses, el sector acumuló cierres, suspensiones y despidos que afectan tanto a grandes fábricas como a pequeñas y medianas empresas de confección.
Una empresa con trayectoria que termina cerrando sus puertas
Will Der había iniciado sus actividades en 2006, en una etapa en la que la industria nacional buscaba recomponer capacidad productiva tras la crisis de 2001. Con el tiempo logró posicionarse como proveedor de marcas deportivas de alcance internacional y también confeccionó prendas para delegaciones argentinas que participaron en Juegos Olímpicos, un dato que muestra el nivel de integración que había alcanzado dentro de la cadena de valor textil.
Sin embargo, ese recorrido no impidió el desenlace actual. En Las Flores, la planta ubicada sobre la Ruta Nacional 3 llegó a emplear a más de un centenar de personas a fines de 2023, pero durante los últimos meses sufrió una reducción progresiva de personal. Autoridades municipales confirmaron que el cierre no tendría marcha atrás y que la empresa habría manifestado su intención de avanzar con el pago de las indemnizaciones, aunque sin brindar todavía precisiones concretas sobre plazos ni condiciones.
La situación en General Pacheco es similar. Trabajadores que intentaron ingresar a la planta encontraron los accesos bloqueados por seguridad privada, mientras que hasta el momento no habrían recibido los telegramas formales de despido. Según relataron, la primera comunicación fue informal: la empresa les pidió que no se presentaran a trabajar. Días después recibieron un mensaje de WhatsApp firmado por la representación legal de la compañía, donde se les informó que no estaban despedidos sino “suspendidos” y que serían contactados individualmente para negociar eventuales acuerdos de salida.
Esa modalidad profundizó la incertidumbre. Los trabajadores aseguran que no cuentan con información clara sobre su continuidad laboral, las liquidaciones pendientes ni las condiciones de una posible desvinculación.
Salarios adeudados y un problema que excede a una empresa
Además del cierre de las plantas, los empleados denunciaron deudas salariales, incluyendo diferencias vinculadas con vacaciones no liquidadas. También cuestionaron la ausencia de interlocutores para discutir las liquidaciones finales y señalaron que incluso trabajadores que estaban de licencia anual se enteraron del cierre cuando intentaron reincorporarse a sus puestos.
Frente a la falta de respuestas, el personal se declaró en estado de asamblea y espera una eventual intervención del Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires.
El conflicto de Will Der se suma a una lista creciente de empresas textiles en crisis, entre ellas Texilo, Dass, Amesud, Textilana y la firma vinculada a la marca Mauro Sergio, además del reciente caso de Sabri en Catamarca, que despidió a 80 trabajadores mediante mensajes de WhatsApp.
La reiteración de estos episodios refleja un problema estructural. Según datos del sector, la utilización de la capacidad instalada textil se ubica por debajo del 45%, mientras que las actividades de tejido y confección operarían cerca del 38% de su potencial. Al mismo tiempo, las ventas minoristas de indumentaria acumulan una caída superior al 18% interanual, y la confección habría retrocedido alrededor del 28,5%, con miles de puestos de trabajo perdidos.
A esto se suma el aumento de las importaciones de prendas terminadas e insumos textiles, que intensifica la competencia sobre fabricantes locales que ya enfrentan menores niveles de demanda.
El cierre de Will Der, por lo tanto, no solo implica la posible pérdida de 120 empleos directos. También expone la fragilidad de una industria con alta capacidad de generación de trabajo y fuerte impacto regional. Detrás de una empresa que supo abastecer a marcas globales y vestir a delegaciones olímpicas aparece una señal más amplia: la dificultad creciente de sostener producción, empleo y competitividad en uno de los sectores manufactureros más sensibles de la economía argentina.
