23 de julio de 2026

Catástrofe climática en Chile: 13 víctimas fatales, 60.000 damnificados sin comunicación y casi 3.000 hogares arrasados

El norte de Chile enfrenta una de las peores emergencias meteorológicas de los últimos años, tras más de una semana de precipitaciones torrenciales que han dejado una estela de devastación. El balance oficial es alarmante: 13 personas han perdido la vida, cerca de 60.000 se encuentran incomunicadas y se estima que 2.800 viviendas han quedado completamente demolidas.

Las intensas lluvias han transformado el paisaje de las regiones de Coquimbo y Atacama, zonas que normalmente se caracterizan por su aridez.

El agua ha arrasado extensiones de cultivos, ha borrado tramos enteros de carreteras y ha provocado deslizamientos de tierra que han sepultado hogares y bloqueado vías de acceso.

Aunque el pronóstico del tiempo anticipa una mejoría paulatina en los próximos días, el Gobierno mantiene un alto nivel de alerta. El ministro del Interior advirtió que el peligro no ha pasado debido a que los ríos y quebradas de la zona aún presentan caudales desbordados, lo que mantiene latente la posibilidad de nuevas inundaciones en las comunidades aledañas.

Para hacer frente a la magnitud de la crisis, el presidente José Antonio Kast decretó el lunes el estado de emergencia en las localidades más afectadas. Esta medida permite movilizar al Ejército para labores de rescate y logística, limitar la circulación de vehículos y acelerar la entrega de alimentos, agua potable y otros suministros básicos a la población damnificada.

Las autoridades hacen un llamado a la ciudadanía a no bajar la guardia y a evitar cualquier desplazamiento innecesario hasta que el riesgo se reduzca por completo. «La tormenta se aleja, pero sus consecuencias aún nos ponen a prueba», señalaron desde el comité de emergencia.

Por último, los especialistas en clima vinculan este excepcional episodio de lluvias al retorno del fenómeno de El Niño, que altera los patrones climáticos globales. La Organización de las Naciones Unidas ya había alertado en mayo pasado que su reaparición podría intensificar los eventos meteorológicos extremos y disparar los récords de temperatura a nivel mundial en los próximos años.

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