El gas europeo alcanza su mayor precio en tres años ante la crisis del estrecho de Ormuz
En este contexto, la crisis energética vuelve a colocar al continente frente a una de sus principales vulnerabilidades: su exposición a los mercados internacionales de gas y a acontecimientos geopolíticos que escapan a su control.

El mercado energético europeo atraviesa una nueva etapa de tensión. El precio de referencia del gas natural en Europa volvió a dispararse y alcanzó niveles que no se registraban desde 2023, impulsado por la incertidumbre generada por el conflicto entre Estados Unidos e Irán y las dificultades para mantener el flujo de gas natural licuado (GNL) a través del estrecho de Ormuz.
El contrato TTF neerlandés con vencimiento al mes siguiente superó los 79 euros por megavatio hora, una cifra que refleja el creciente temor de los operadores ante una posible reducción de la oferta internacional. Antes de la escalada militar en Oriente Próximo, cerca de una quinta parte del comercio mundial de GNL transitaba por esa estratégica ruta marítima.
La interrupción de ese corredor comercial modificó rápidamente las expectativas del mercado. Desde principios de año, el precio del TTF había oscilado en torno a los 26,50 euros por MWh, pero la incorporación de una mayor prima de riesgo llevó las cotizaciones hasta los máximos actuales.
El escenario también complica la estrategia europea de almacenamiento. Habitualmente, las compañías aprovechan los menores precios del gas durante los meses cálidos para incrementar sus reservas y posteriormente utilizar o vender ese combustible durante el invierno.
Sin embargo, el fuerte encarecimiento del gas en el corto plazo redujo ese incentivo económico, especialmente porque los mercados confían en una eventual mejora de los suministros hacia finales de año.
La situación genera preocupación adicional porque los depósitos europeos se encuentran en niveles inferiores a los habituales. No obstante, esto no implica necesariamente un riesgo inmediato de desabastecimiento.
El menor consumo de gas registrado en los últimos años permite a la Unión Europea afrontar la temporada con reservas más reducidas.
El problema es que esa menor demanda convive con una mayor dependencia de las importaciones de GNL, especialmente cuando aumentan las dificultades para garantizar su llegada.
A este factor se suma el deterioro de la capacidad exportadora de Qatar. Los daños sufridos en instalaciones de producción de GNL en Ras Laffan, tras las huelgas de marzo, dejaron fuera de servicio una capacidad estimada en unos 17.000 millones de metros cúbicos anuales.
Las reparaciones podrían prolongarse durante varios años, lo que introduce una presión adicional sobre el mercado internacional.
La Agencia Internacional de la Energía ya reclama a los gobiernos europeos que anticipen posibles escenarios de escasez mediante reservas estratégicas, contratos de suministro más flexibles y una mayor coordinación entre países.
El panorama podría volverse todavía más complejo si la recuperación de las exportaciones de GNL desde Oriente Próximo se produce de manera lenta.
Algunas estimaciones de mercado apuntan a que, bajo ese escenario, el precio del TTF podría superar los 100 euros por MWh en diciembre de 2026, muy por encima de las previsiones consideradas hasta ahora.
El encarecimiento del gas representa además un riesgo que trasciende al sector energético. Una energía más cara puede trasladarse a los costos industriales, el transporte y los precios finales de numerosos bienes y servicios, reavivando las presiones inflacionarias en Europa.
