3 de julio de 2026

Carlos Melconian: «Los números fiscales cierran, pero la economía real sigue anestesiada»

Carlos Melconian, siempre medido pero quirúrgico, acaba de poner en palabras lo que muchos analistas económicos vienen murmurando por lo bajo: el “plan aguantar” llegó a su fin, pero no está claro cuál es el nuevo rumbo.

El volantazo, como él mismo lo llamó, ya ocurrió. Lo que aún no aparece en escena es un plan que articule ese giro con un horizonte de crecimiento real.

En una entrevista, el ex titular del Banco Nación soltó una frase que por momentos suena tranquilizadora, pero que también puede funcionar como advertencia: “No estamos frente a ninguna tragedia”. No es una tragedia, claro. Pero tampoco es una fiesta. Estamos en ese limbo técnico donde los números fiscales cierran, pero la economía real sigue anestesiada».

El superávit no come, y la inflación no se rinde

Melconian reconoce un punto clave que muchos prefieren omitir: el superávit fiscal es importante, sí, pero no es mágico. No baja la inflación por sí solo, ni reactiva la industria, ni genera empleo. Lo que hay hoy es un ordenamiento forzado, sostenido sobre un nivel de recesión que impacta de lleno en el consumo y en la actividad.

“La inflación núcleo está en 2,5%”, dijo con tono de buen alumno. Pero no hay medidas para la economía real. ¿Entonces? El ajuste puede ser prolijo en las planillas de Excel, pero si no hay inversión, si no se reactiva el crédito, si no se genera confianza a nivel productivo, el plan económico se queda en un mero ejercicio contable.

El cepo no se levantó, solo se aflojó

Otro de los puntos que Melconian marcó con claridad es la falsa épica del levantamiento del cepo. “No es la tierra prometida”, dijo con ironía, y tiene razón. El exportador sigue obligado a liquidar al Banco Central, la emisión no desapareció del todo, y el mercado sigue funcionando con parches. Lo técnico y lo simbólico todavía no se alinean.

Ni militancia ni mística: Melconian, el técnico que lee entre líneas

En un país donde cada análisis se transforma en trinchera ideológica, Melconian insiste en pararse afuera de la grieta. “Me autoexcluyo de ambas puntas”, dijo, dejando en claro que no forma parte ni del club libertario ni del campamento opositor clásico. Es, quizás, uno de los pocos economistas que se anima a hablar de manera crítica sin necesidad de disfrazarse de militante.

Pero esa posición también lo obliga a señalar lo evidente: sin políticas para el crecimiento, el programa tiene fecha de vencimiento. Ordenar es el primer paso, no el último.

El verdadero volantazo que falta: de la austeridad al desarrollo
Melconian no lo dice con todas las letras, pero se intuye: el plan actual es transitorio, una especie de sala de espera donde todo está en pausa hasta que aparezca algo más sólido. Ese “algo más” es un modelo que contemple la economía real, la producción, el empleo, la inversión.

Porque si no se sale del ajuste como única herramienta, la salida no será por arriba, sino por agotamiento. Y entonces sí, tal vez, estemos frente a algo parecido a una tragedia.

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