13 de junio de 2026

Caputo propone liberar el uso de dólares “sin explicaciones” y apuesta a una economía que crezca sin pesos

El ministro impulsa una inédita remonetización en dólares para reactivar el consumo, mientras prepara una reforma tributaria que podría profundizar la desigualdad fiscal entre provincias.

El ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a dejar en claro cuál es su visión de política económica: una Argentina donde el Estado reduzca su injerencia, la moneda nacional quede en segundo plano y el dólar gane terreno como motor de crecimiento.

En una entrevista con La Casa Streaming, Caputo anticipó que trabaja en una batería de medidas para facilitar el uso de dólares en la economía cotidiana, bajo una consigna inquietante: “la idea es que nadie te pida explicaciones”.

El objetivo declarado es “remonetizar” la economía para sostener el rebote económico sin recurrir a la emisión de pesos. “Queremos que la gente pueda usar sus dólares sin miedo a que la persigan. Hoy muchos no los gastan por temor a que los investigue AFIP o la UIF. Entonces los encanutan. Eso no le sirve a nadie”, sostuvo Caputo, que busca que los ahorros en divisa estadounidense salgan del colchón y entren en el circuito formal del consumo.

La economía sin moneda: una remonetización a contramano

Lo que plantea Caputo representa una suerte de oxímoron económico: hacer crecer la economía sin imprimir moneda propia, sustituyendo el peso por el dólar como vehículo de circulación. Es la expresión más clara del rumbo hacia la dolarización de hecho, sin anunciarla formalmente. El problema es que en esa lógica, los argentinos que no tienen dólares —es decir, la mayoría— quedan fuera del sistema o completamente subordinados a quienes sí los tienen.

El ministro reconoce que hay “muchísimos más dólares que pesos” en manos de los argentinos, pero omite señalar que esa desigualdad también refleja una concentración del capital y un reflejo de la desconfianza estructural en la moneda nacional, agravada por años de inflación y crisis. Bajo este esquema, el consumo queda en manos de quienes puedan gastar en divisas, consolidando una economía dual.

“Sin explicaciones”: ¿libertad o desregulación extrema?

La frase elegida por Caputo —“la idea es comprar lo que quieras y que nadie te pida explicaciones”— suena a eslogan libertario, pero también encierra una visión riesgosa: el debilitamiento de los controles fiscales y financieros. Si el objetivo es que los dólares circulen sin preguntas, ¿cómo se previene el lavado de dinero? ¿Dónde queda el rol de la Unidad de Información Financiera (UIF) o la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP)?

En un país con una historia marcada por la evasión, la informalidad y los flujos de capital no declarados, esta propuesta puede terminar siendo una invitación a la opacidad. Más que liberar a los ciudadanos, podría facilitar negocios ilegales o poner al Estado en una posición aún más débil frente al poder económico concentrado.

Reforma del IVA: competencia entre provincias o fragmentación fiscal
Caputo también anticipó una reforma tributaria que implicaría dividir el Impuesto al Valor Agregado (IVA) entre Nación y provincias, abriendo un nuevo capítulo de descentralización fiscal. Según explicó, el gobierno nacional cobraría el 9% correspondiente a su porción, mientras que las provincias podrían definir libremente su alícuota restante, generando “competencia impositiva entre provincias”.

La idea, inspirada en modelos federales más descentralizados, busca dinamizar el sistema y fomentar la eficiencia. Sin embargo, en un país tan desigual como Argentina, donde no todas las provincias tienen la misma estructura productiva ni capacidad recaudatoria, esta competencia puede terminar acentuando las brechas territoriales. Los distritos más ricos podrían ofrecer menores impuestos para atraer inversiones, mientras que los más pobres, sin recursos propios, quedarían atrapados en un círculo de déficit y dependencia.

El experimento continúa

La propuesta de Caputo, aunque presentada con una retórica de eficiencia y libertad, plantea profundas preguntas sobre el modelo de país que se está construyendo. ¿Una economía donde el dólar es el rey, el Estado se retira y los controles se relajan? ¿Una estructura fiscal fragmentada donde las provincias compiten por sobrevivir?

En nombre del crecimiento sin emisión, el Gobierno apuesta por medidas que pueden acentuar la exclusión y la desigualdad. Mientras tanto, el “colchón de dólares” se convierte en símbolo de una economía que no termina de confiar en sí misma, y donde el consumo se vuelve un privilegio más que un derecho.

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