14 de mayo de 2026

Bomberos de la Policía: Una anécdota para recordar y un cumpleaños para celebrar

Cumplir 91 años no es poca cosa. Los Bomberos de la Policía Santiagueña hacen gala, orgullosos, de esa ponchada de tiempo sirviendo con vocación y entereza a la comunidad que los vio nacer, crecer y proyectarse al futuro. Y que mejor manera que aprovechar la ocasión festiva para recordar el trabajo abnegado que realizan con una anécdota que no hace otra que resaltar la calidad humana de un puñado de hombres comprometidos con la vida ante cualquier riesgo.

Una noche de octubre del año pasado, la calma de un barrio del norte capitalino se vio perturbada por el llanto lejano y débil de un perrito. Era fácil de identificar, pero difícil de saber de dónde provenía. En un principio sólo fue un molesto aullido de un animalito recién nacido y quienes lo escuchaban pensaron que podría ser porque demandaba alimento de su madre, tal vez, ausente.

Sin embargo, los aullidos se fueron tornando insistentes. Alguno que otro vecino salió de su casa a curiosear, tal vez con la intención de dar asilo al cachorro que alguna persona sin corazón, había abandonado a su suerte en la calle. Y nada. No encontraban la fuente del lastimoso llamado canino.

Así pasaron los minutos y los vecinos, confinados en sus casas por las medidas sanitarias para contrarrestar el avance del Covid-19, se encontraron en la vereda e identificaron que posiblemente se trataba de un cachorro de Pitbull. Pero, ¿Dónde estaba?

En Lavalle y Colón, en la base de los bomberos de la Policía, la noche pintaba para tranquila. Cada uno de sus integrantes, estaban ocupados en sus tareas habituales y de pronto, el teléfono. Un aviso. Una urgencia, y al minuto siguiente, la autobomba partía con destino al barrio Lomas del Golf.

Durante el viaje, la dotación conformada por el Sargento Primero Adrián Díaz; Sargento Sebastián Ruíz; Cabo Primero Lucas Rosales y Cabo Fernando Juárez, por la radio se iban interiorizando de la situación y del trabajo a realizar.

Y al llegar al sitio señalado, los bomberos se entrevistaron con un vecino quien les pintó un panorama más completo. Un cachorro estaba perdido, se lo oía aullar, pero no sabían dónde estaba.

Agudizaron sus oídos y descubrieron que del desagüe pluvial de una casa, surgía un tanto amplificado pero débilmente, el llanto triste del animalito. Los bomberos, con luces y utilizando una manguera, calcularon la distancia entre la boca de salida del desagüe y el lugar exacto donde podría estar el perrito.

Con pala en mano, ante la premura del caso, cavaron en la dura tierra hasta que desnudaron el caño de PVC. Luego se dieron maña y primó el ingenio hasta perforar y cortar con pinzas las paredes del tubo que de su interior entregó al cachorro.

Tenía frío. De seguro tenía frío, miedo y hambre. El perrito había sido rescatado de las profundidades de una muerte segura por las manos recias de unos hombres que con sonrisas terminaron aquella aventura y que los vecinos pagaron con un “gracias”, sincero.

La División Bomberos está íntegramente conformada por policías con vocación y entereza. Hoy está cumpliendo 91 años de trabajo, un trabajo loable y pleno de admiración.

Desde su creación, todos ellos trabajan sobre la base del compromiso con la comunidad santiagueña para salvaguardar vidas y bienes, no sólo de la amenaza de las llamas, sino de situaciones como éstas que sacan a relucir esa veta humana puesta al servicio de todos.

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