Aunque baja la inflación, más de $1.100.000 necesita una familia para no ser pobre: el costo de la vida no da tregua
Los datos del INDEC vuelven a confirmar que la inflación no es el único problema: el verdadero desafío es que los ingresos no alcanzan para cubrir lo básico. Y mientras el costo de vivir supere el costo de sobrevivir, la equidad social seguirá siendo una deuda pendiente.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó este miércoles los valores actualizados de la Canasta Básica Total (CBT) y la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que reflejan con crudeza cómo el costo de vida sigue escalando más allá de los números generales de inflación.
En abril de 2025, una familia tipo —compuesta por dos adultos y dos menores— necesitó $1.110.063 para no caer bajo la línea de pobreza, y $502.291 para no ser considerada indigente.
Aunque estas cifras reflejan subas mensuales más moderadas (0,9% para la CBT y 1,3% para la CBA) en comparación con el Índice de Precios al Consumidor (2,8%), el dato más relevante no está en la desaceleración coyuntural, sino en el umbral que hoy representa la supervivencia económica de los hogares argentinos.
Pobreza estructural: cuando los ingresos no alcanzan el piso
Los datos interanuales muestran que tanto la CBT como la CBA aumentaron un 34% y 34,6% respectivamente en los últimos 12 meses, consolidando una tendencia en la que la canasta de consumo mínimo se vuelve cada vez más inaccesible para una porción creciente de la población.
El informe del INDEC también desagrega ejemplos concretos que exponen cómo el tipo de hogar impacta en la vulnerabilidad económica:
►Una familia de tres personas (una mujer de 35 años, su hijo de 18 y su madre de 61) necesitó $883.740 para no ser pobre y $399.882 para cubrir su alimentación básica.
►Un hogar de cinco integrantes (una pareja de 30 años y tres hijos pequeños) requirió $1.167.542 para superar la línea de pobreza y $528.000 para evitar la indigencia.
Estos montos mínimos no se refieren a un “buen pasar”, ni a niveles de consumo aspiracional, sino a lo esencial: poder alimentarse, vestirse, trasladarse, educarse mínimamente y acceder a la salud.
¿Desacelera la inflación o se naturaliza la exclusión?
Que el crecimiento de las canastas básicas haya sido inferior al del IPC puede interpretarse como un respiro técnico, pero no representa un alivio para quienes viven en el límite. Porque mientras la inflación mensual baja, la vara de lo que se necesita para simplemente no ser pobre sigue subiendo. Y lo hace en un contexto en el que la recomposición salarial y la generación de empleo de calidad continúan rezagadas.
La pregunta que se desprende es inquietante: ¿cuántas familias pueden hoy garantizar ingresos mensuales por encima del millón de pesos? En una economía donde la informalidad y la precarización laboral siguen presentes, la respuesta ubica a gran parte de la población en una situación de pobreza estructural o, en el mejor de los casos, de vulnerabilidad permanente.
