22 de mayo de 2026

Alarma en Salta: Refinor cierra su planta en Campo Durán y reaviva los fantasmas del desempleo estructural

Mientras tanto, en los pueblos del norte de Salta, crecen la incertidumbre, la desocupación y la sensación de estar, otra vez, olvidados por un modelo económico que promete eficiencia pero distribuye precariedad. Campo Durán ya no refina petróleo, pero sí refleja con crudeza una vieja verdad argentina: sin política activa de desarrollo regional, la marginalidad es el único horizonte previsible.

En una decisión que encendió las alarmas en el norte argentino, la empresa Refinor (Refinería del Norte) confirmó el cierre de su histórica planta de refinación de crudo en Campo Durán, en el departamento San Martín de la provincia de Salta.

Con ello, no solo se ponen en riesgo inmediato entre 20 y 24 puestos de trabajo directos, sino que también se activa un efecto dominó sobre la economía local y la ya deteriorada estructura laboral de la región.

La medida fue comunicada al Sindicato de Trabajadores del Gas y Petróleo de Salta y Jujuy, provocando una rápida reacción del gremio a nivel nacional, que declaró el estado de alerta y movilización. El anuncio de cierre se suma a una oleada de 100 despidos recientes por parte de la compañía en otras jurisdicciones del país, lo que pone en evidencia una reestructuración más amplia y preocupante del sector privado en áreas estratégicas de energía.

Lo que podría presentarse como una decisión empresarial dentro de un contexto de mercado global, es en realidad un capítulo más en una historia de abandono estructural del norte argentino, particularmente de los departamentos de San Martín y Orán, cuyas economías locales continúan atadas a enclaves industriales cada vez más vulnerables. Como advirtió el senador Manuel Pailler, esta situación remite a las secuelas de la privatización de YPF en los años 90, cuando más de 3.500 trabajadores fueron despedidos, precipitando la decadencia de pueblos como General Mosconi y Campamento Vespucio.

El gobierno provincial, a través del ministro de Producción Martín de los Ríos, intentó contener la crisis con un llamado al diálogo entre sindicatos y accionistas de Refinor, participada por YPF e Hidrocarburos del Norte S.A. Sin embargo, el propio ministro reconoció las limitaciones del Estado provincial frente a decisiones del sector privado, y las promesas de reconversión energética o recuperación de pozos petroleros suenan más a paliativos que a soluciones estructurales.

Por su parte, el secretario general del sindicato, Sebastián Barrios, fue categórico al criticar la falta de inversión y voluntad empresarial para mantener la refinación en Campo Durán. Denunció el abandono progresivo de la planta, con infraestructura obsoleta y sin actualización tecnológica, lo que torna el cierre más como el resultado de una decisión premeditada que de una crisis coyuntural.

A esto se suma otro frente de conflicto: en el Ingenio El Tabacal, en el departamento de Orán, 24 despidos más profundizan el deterioro del empleo formal en una zona que históricamente ha vivido bajo la amenaza de la desindustrialización. Las cifras no mienten: el norte salteño sigue atrapado entre la dependencia extractiva y la ausencia de políticas de desarrollo sostenido.

Los anuncios oficiales sobre planes de exportación de gas, exploración de nuevas cuencas o impulso a cultivos tropicales aparecen como discursos futuristas desvinculados de la urgencia presente. El problema, una vez más, es la falta de infraestructura logística, conectividad y capital humano para emprender transformaciones reales. Sin rutas, sin trenes, sin inversión genuina y con un Estado que reconoce sus propios límites, la reconversión queda reducida a declaraciones de buena voluntad.

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