La industria automotriz, textil y electrónica, los sectores más golpeados por la pérdida de empleo
En una economía cada vez más orientada al ajuste fiscal y la liberalización, la industria manufacturera parece haber quedado huérfana de respaldo estatal, arrastrando consigo miles de empleos y proyectando un futuro incierto para el desarrollo argentino.

Según un reciente informe de la organización Misión Productiva, entre noviembre de 2023 y noviembre de 2024 se perdieron más de 30.000 empleos formales en el sector, afectando especialmente a ramas clave como la automotriz, la textil y la electrónica.
Detrás de estos números se evidencia no solo el impacto de la recesión, sino también un cambio profundo de paradigma económico impulsado por la actual gestión nacional.
El estudio señala que el 70% de las subramas industriales (184 de 265) registraron despidos, en una clara muestra de que la contracción no es un fenómeno aislado, sino una tendencia estructural que atraviesa casi todos los rubros manufactureros. Entre los sectores más golpeados se encuentran:
La fabricación de vehículos automotores, que perdió 2.096 empleos;
- El segmento autopartista, con 2.050 puestos menos;
- La fabricación de calzado deportivo, que cayó un 33%;
- La industria textil e hilados, con una baja del 25%;
- Y la producción de componentes electrónicos, que retrocedió un 26%.
Este retroceso se da en un contexto donde otras áreas de la economía han comenzado a mostrar leves signos de recuperación. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del INDEC marcó una suba del 0,7% en febrero y un crecimiento interanual del 5,7%. Sin embargo, la industria manufacturera no solo no acompaña esta mejora, sino que sigue operando por debajo de los niveles previos al cambio de gobierno.
Para los economistas de Misión Productiva, la causa principal es la drástica caída del consumo interno, directamente ligada a la pérdida de poder adquisitivo y al deterioro del salario real. A eso se suma la parálisis de la construcción, un sector históricamente vinculado a la demanda de productos industriales, y la eliminación de políticas públicas de fomento productivo, que agravaron la vulnerabilidad de muchas empresas, especialmente las pymes.
La economista Paloma Verona advirtió que los datos muestran con claridad el sesgo antiindustrial del modelo económico actual: “Estamos frente a un esquema de apertura abrupta y de apreciación cambiaria que deteriora la competitividad del sector manufacturero. La destrucción del empleo en este sector es una señal de alarma estructural”.
El diagnóstico es preocupante: sin políticas activas que respalden a la industria nacional, el país se arriesga a perder capacidad productiva de manera irreversible. Históricamente, la industria no solo generó empleo de calidad, sino que fue un pilar del desarrollo económico argentino. Hoy, ese motor está en punto muerto, sin señales claras de reactivación.
El informe concluye que comprender la tendencia actual es clave para evaluar los desafíos económicos del presente: la reconversión productiva, la generación de empleo y la reconstrucción del entramado industrial nacional no serán posibles sin un cambio de rumbo que vuelva a poner a la producción en el centro de la estrategia económica.
