23 de junio de 2026

«Al igual que la tierra que cultivamos, las mujeres damos frutos, damos vida»

La referente de la Unión de Trabajadores de la Tierra de La Plata Zulma Molloja aseguró que «las mujeres estamos cambiando el modelo agrícola hacia un modelo agroecológico que no envenena al pueblo, que piensa en la soberanía alimentaria».

La horticultora Zulma Molloja, referente de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) de La Plata, aseguró que «las mujeres estamos cambiando el modelo agrícola hacia un modelo agroecológico que no envenena al pueblo, que piensa en la soberanía alimentaria y en la necesidad de cuidar la tierra de nuestros hijos» y remarcó que «este cambio lo lideran las mujeres que, al igual que la tierra, da frutos, da vida».

Los ojos oscuros de Zulma recorrieron su plantación de lechuga, remolacha y acelga, en su quinta de la periferia de La Plata, y recordó a su abuela Juana Flores que le «enseñó que a la tierra hay que amarla y cuidarla. Una pena que ya falleció y no logró ver este cambio, pero hubiera estado muy contenta porque ella no quería que se envenenara la tierra».


Zulma nació hace 30 años en Bolivia, donde se crió con su abuela Juana y sus cinco hermanos y allí, contó a Télam, eran «productores de maiz, quinoa, durazno en Cotagaita pero todo era muy difícil. Se desbordaba el río y se llevaba la cosecha, no había caminos y tenías que trasladar en burro tu producción y llevarla a cambiar por ropa, fideos y arroz porque no había plata en mano».

Este panorama hizo que no dudaran cuando un familiar que había migrado a la Argentina los invitó a venir al país donde les dijo que «se podía producir y se necesitaba gente», por lo cual se mudaron a Buenos Aires en 2002.

«Llegamos con mis abuelos y mis papás, comenzamos a trabajar para patrones, pero era una explotación, casi no nos dejaban dormir y había que utilizar fuertes químicos», aseguró.

Luego de un tiempo decidieron irse «y alquilar la tierra para producir, y ahi nos empezamos a vincular con la UTT que daba capacitaciones a los productores y difundían la agroecología», dijo la mujer y consideró que las mujeres productoras «estamos cambiando hacia la agroecología, no estamos envenenando, pensamos en la soberanía alimentaria y en cuidar la tierra de nuestros hijos».

«La mujer en las quintas tiene doble trabajo, trabaja a la par del hombre pero también tenía que cocinar, lavar ropa, dar de comer a los hijos, llevarlos a la escuela, volver a la quinta. Y a través de nuestros talleres estamos logrando que las tareas de la casa se compartan, empoderamos a las mujeres de que todo es compartido en el hogar», precisó.

Y, reveló que «las productoras iban a trabajar con sus hijos chiquitos, porque no tenían con quienes dejarlos; y a veces uno se escapaba, cruzaba la ruta y lo atropellaba un camión….o quedaban solitos y tenían accidentes. Y muchas iban a trabajar y encerraban a sus hijos en jaulitas que ataban a su cintura. Pero un día nos organizamos y levantamos un jardín comunitario en la localidad de Olmos, donde van los hijos de las compañeras, desde los 10 meses a los 5 años mientras trabajan y donde tienen comedor con comidas saludables, mucha verdura, nada de comida chatarra».

Las mejoras a la condición de la mujer campesina no terminaron alli y también se ocupó de las compañeras en situación de violencia de género porque, remarcó, «en el sector rural hay mucho machismo y el Estado no está presente para ayudar a las mujeres víctimas».

Ante ello, explicó que desde la UTT impulsó talleres de Promotoras de Género y «eso ayudó a muchas compañeras a ver que lo que padecían era violencia, las ayudó a romper el silencio».

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