Mujer empoderada, La controversia entre construcción social y designio divino Parte (I)
En este sofisma de la sexualidad, es pertinente partir de la comprensión completa de qué significa el término empoderamiento, según su alcance biológico, filosófico, social y cultural. En principio la Real Academia Española define al empoderamiento como “la acción y efecto de empoderar, es decir hacer poderoso a un desfavorecido”. Simultáneamente aparece el termino empoderar, cuyo significado implica “hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido”. La intención de empoderar a un grupo desfavorecido puede tener diversas motivaciones e intereses de fondo. En principio, un individuo (mujer-varón) contempla un empoderamiento biológico logrado por la provisión de la naturaleza en alianza con la obra creadora de Dios, idea rechazada por el pensamiento pos modernista que sostiene el principio de la relatividad y valoración por la construcción social del hombre.

La filosofía del empoderamiento tiene su origen en el enfoque de la educación popular desarrollada a partir del trabajo en los años 60 de Freire, estando ambas muy ligadas a los denominados enfoques participativos, presentes en el campo del desarrollo desde los años 70.
Para Freire la educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo. La “Pedagogía del oprimido” es una de sus obras dedicada a “los oprimidos”, y está basado en su propia experiencia como profesor para adultos analfabetos. A su vez, Freire incluye un detallado análisis de clases marxista en su exploración de lo que él llama la relación entre “colonizador” y “colonizado” desde una pedagogía crítica. Esta perspectiva del empoderamiento no presenta amenaza a la estructura natural de la persona ya que el empoderamiento parte de la alfabetización y desde el conocimiento crítico. Nace de la educación y para una mejor educación.
Por otra parte, tanto el varón como la mujer (según la taxonomía divina) cuentan con virtudes fisiológicas y anatómicas establecidas que les da la facultad biológica de ser seres sexuales con funciones diferentes pero importantes y unificantes al fin. Por ejemplo, la sexualidad humana tiene como propósito dar continuidad a su especie y, para eso, es imprescindible que se unan las facultades biológicas del varón y el de la mujer, siendo ellos los únicos capaces de gestacionar la vida de un nuevo individuo mediante las relaciones sexuales.

El engendrar un nuevo individuo es el resultado de un empoderar biológico que le ha sido otorgado al varón y a la mujer por naturaleza divina y, eso, no se puede combatir. Sin embargo, existe una posibilidad de combate contra la naturaleza biológica humana denominada “empoderamiento femenino”, cuyo fin es desvirtuar completamente la idea de varón y mujer postulando que los géneros deben ser construidos a partir de los cambios culturales y movimientos sociales.
Esto se ve reflejado cuando la feminista Elo Mayo dice: “considero al feminismo como un movimiento cuyo objetivo es acabar con un sistema opresivo y discriminatorio, y con las conductas no igualitarias que lo sustentan. Por tanto, el objetivo del feminismo que yo reivindico es conseguir que las mujeres seamos seres autónomos, capaces de decidir e independientes. En definitiva: empoderarnos como mujeres. Y ese, es otro concepto que quiero reivindicar”[1].
La expresión de Elo Mayo deja entrever que el feminismo partidario tiene la noción arraigada de que el varón y el sistema cultural es opresor por excelencia de sus aspiraciones empoderativas.
Pero si retrocedemos en el tiempo, podremos ver que la idea de empoderamiento que Freire predicó fue sustituida por el resurgimiento feminista de forma paulatina, ordenada y adoctrinada, puesto que fue formulado hace más de dos décadas por las activistas e investigadoras feministas aglutinadas en la Red DAWN-MUDAR[2], una red de mujeres feministas constituida en 1984 en Bagalore, India. Ellas fueron quienes, analizando la situación de las mujeres se dieron cuenta de las necesidades e intereses de las mujeres pobres, e hicieron de los planteamientos feministas y de la creación de organizaciones de mujeres, los referentes principales de la estrategia para enfrentar la desigualdad de género, a la vez que planteaban la necesidad del cambio de las estructuras económicas y políticas, claves para luchar contra la pobreza y la desigualdad.

Fueron las mujeres de DAWN quienes otorgaron al término “empoderamiento”, un significado específico de género. Ellas fueron quienes, en 1985, en la III Conferencia Mundial de Nairobi, consiguieron por primera vez que se hablase de empoderamiento a nivel internacional, como una estrategia impulsada por mujeres del sur, con el fin de avanzar y generar un proceso de transformación social. Y después de Nairobi llegamos a Beijing, a la IV Conferencia Internacional de la Mujer celebrada en 1995, del que todos habremos oído hablar por su importancia y por haber puesto en marcha dos estrategias claves:
• El mainstreaming de género, definido por el Grupo de expertos del Consejo de Europa como “la organización (la reorganización), la mejora, el desarrollo y la evaluación de los procesos políticos, de modo que una perspectiva de igualdad de género se incorpore en todas las políticas, a todos los niveles y en todas las etapas, por los actores normalmente involucrados en la adopción de medidas políticas.”
• Y, el empoderamiento de las mujeres, entendiendo “Que el empoderamiento de las mujeres y su plena participación en condiciones de igualdad en todas las esferas de la sociedad, incluyendo la participación en los procesos de toma de decisiones y el acceso al poder, son fundamentales para el logro de la igualdad, el desarrollo y la paz.” Después de Beijing, el empoderamiento se convierte en una estrategia a incluir en todas las políticas de igualdad, y por ello: “la vemos reflejada en los diferentes Planes y Proyectos institucionales. De manera que este tipo “global” de empoderamiento nos habla de un proceso individual, en la medida que supone un proceso personal de toma de conciencia de las mujeres sobre su propia situación, que se inicia a través de una evolución propia, en la que cada mujer toma conciencia de sus propios derechos, de sus fortalezas e intereses, y consolida su autonomía y poder personal. Un proceso que requiere cambio, y como todos los cambios también necesitan su tiempo. Tiempo para reflexionar, para elegir, para desarrollar habilidades, para aumentar la confianza y la autoestima, imprescindible para sobrevivir”; redacción que presentaron en aquella conferencia.
Es decir, el empoderamiento, desde un sentido feminista, no termina en lo individual, sino que transciende al espacio colectivo, de forma que el trabajo realizado desde la individualidad y la subjetividad, servirá a las mujeres para organizarse en torno a la lucha por sus intereses colectivos, es decir, por sus intereses de género.
[1] Elo Mayo es experta en políticas de Igualdad de mujeres y hombres, mediadora intercultural y trabajadora social. «Pero ante todo -dice-, me siento Feminista desde que allá por los años 80 entré a formar parte de este movimiento». Durante el periodo 2007-2011, fue directora de Promoción Social en la Diputación Foral de Álava, como responsable de las Políticas de Igualdad, Inmigración y Cooperación al Desarrollo. En la actualidad, además de otras iniciativas, coordina la Escuela para la Igualdad y el Empoderamiento de las Mujeres, dependiente del Servicio de Igualdad del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.
[2] DAWN es la sigla de Development Alternatives with Women for a New Era. Alternativas de Desarrollo con Mujeres para una Nueva Era.
