16 de mayo de 2026

¿Vuelven los 90? Martín Menem, el elegido para conquistar La Rioja y proyectar la sucesión libertaria

El apellido Menem vuelve a ocupar el centro de la escena política argentina. Fuentes de la Casa Rosada confirmaron que La Libertad Avanza prepara una jugada estratégica: impulsar a Martín Menem como candidato a gobernador de La Rioja, provincia que en los años 90 fue el bastión simbólico del menemismo y que hoy Milei busca reconquistar como plataforma para su expansión territorial.

La operación no es menor: detrás de esta candidatura emerge un entramado de poder interno que redefine la arquitectura del oficialismo, consignó Crónica Política. Según trascendió, la dupla conformada por Karina Milei y Eduardo Menem ha desplazado progresivamente a Santiago Caputo de la mesa chica de decisiones, consolidando un bloque familiar con enorme peso político.

Si bien Caputo conserva influencia en la comunicación, ya no marca la estrategia a mediano y largo plazo. Ese rol ahora recae en el binomio Milei-Menem.

El objetivo es doble. En el corto plazo, lograr que Martín Menem conquiste la gobernación riojana, capitalizando el arrastre simbólico del apellido y posicionando al espacio libertario en el interior profundo. Pero, en el mediano plazo, la apuesta es mucho más ambiciosa: construir un proyecto político que trascienda 2027 y proyecte a un Menem como eventual sucesor presidencial en 2031. “La Rioja es un bastión simbólico para los Menem. Martín tiene el liderazgo y el arrastre popular para consolidar el mensaje libertario en el interior”, aseguró un operador libertario bajo estricta reserva.

Esta jugada expone tensiones internas en el oficialismo. Karina Milei, apodada “El Jefe”, busca blindar la continuidad del proyecto libertario y evitar que figuras externas como Agustín Laje —el favorito ideológico de Javier Milei— se transformen en herederos naturales. La lógica es clara: la familia Milei quiere asegurar el control político del espacio y la influencia sobre cualquier eventual sucesión.

El retorno del apellido Menem al centro del poder genera un inevitable paralelismo con los años 90: privatizaciones, desregulación y una narrativa de modernización económica que, entonces, culminó en crisis. La pregunta que se abre es si el libertarismo en el poder está ensayando una versión recargada de aquel modelo, ahora con un proyecto familiar que busca perpetuarse en el tiempo.

Lo que parece indiscutible es que el oficialismo ya no se limita a gobernar la coyuntura: está diseñando una ingeniería política de largo plazo con nombres propios, herencias simbólicas y una concentración de poder que marca el pulso de la Argentina que viene.

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