Vivir en CABA sin ser pobre cuesta $1,9 millones: un umbral que revela una crisis estructural de ingresos
Los números no mienten: vivir en CABA sin ser pobre cuesta $1,9 millones al mes. La pregunta es cuántos realmente lo logran… y cuántos apenas sobreviven.

En la Ciudad de Buenos Aires, vivir con dignidad se ha vuelto un privilegio. Según el último informe del Instituto de Estadística y Censos porteño (IDECBA), una familia tipo —integrada por dos adultos activos y dos menores— necesitó $1.868.182 mensuales en mayo para ser considerada de clase media. Cualquier ingreso inferior a esa cifra ubica al hogar en una situación de vulnerabilidad o, directamente, de pobreza.
Lo que debería ser un dato estadístico más, cobra una dimensión crítica al exponer la distancia abismal entre los ingresos reales de una amplia mayoría de los porteños y las exigencias económicas del costo de vida. El umbral de pobreza no indigente se estableció en $637.167 mensuales, mientras que los hogares con ingresos inferiores a ese monto caen directamente en la indigencia.
Una clase media en extinción
El informe revela una paradoja inquietante: el ingreso mínimo para alcanzar la clase media creció solo un 1,5% respecto al mes anterior, por debajo de la inflación general del 1,6%. Este aparente “alivio” no es más que una ilusión estadística: en términos reales, el poder adquisitivo se erosiona cada vez más rápido y los ajustes salariales, cuando existen, nunca alcanzan a recomponer la pérdida sostenida.
El IDECBA también detalla que la Canasta Total (CT) —referencia clave que mide el acceso a bienes y servicios esenciales como alimentos, transporte, salud, educación, esparcimiento e indumentaria— no contempla el costo del alquiler, uno de los gastos más significativos en la vida urbana. Esto implica que una familia que paga un alquiler de mercado (que ronda los $400.000 o más en barrios promedio) queda automáticamente excluida del estrato medio, aunque sus ingresos superen el umbral estadístico.
El mapa de la desigualdad: seis clases que son dos
Los seis estratos definidos por el organismo porteño —desde la indigencia hasta el sector acomodado— dibujan una cartografía social en apariencia variada, pero que en los hechos se resume en una fractura cada vez más violenta: la mayoría de los hogares pelean por no caer en la pobreza y una minoría accede a estándares que los ubican entre los sectores medios-altos o acomodados. Para ingresar en este último grupo, se necesitan ingresos superiores a $5.978.182 por mes, una cifra inalcanzable para el 95% de los trabajadores argentinos.
Un síntoma de una economía descompuesta
Que una familia deba ganar casi $2 millones mensuales para no ser considerada pobre o vulnerable en la capital del país pone en evidencia el colapso de los salarios frente a la inflación acumulada en los últimos años, y deja al desnudo la imposibilidad de millones de hogares para sostener una vida digna sin endeudarse, recortar consumos básicos o caer en la informalidad.
Mientras los datos oficiales muestran una aparente desaceleración inflacionaria, la economía real sigue empujando a la baja el estándar de vida de la mayoría. En la práctica, la clase media argentina —históricamente identificada con el acceso al consumo, la educación, la salud y la movilidad social— está siendo desmantelada por una política económica que prioriza el ajuste fiscal por sobre el bienestar social.
