30 de abril de 2026

Valentín, el disidente del amor y el milagro para los niños en la Iglesia de San Antón

En la celda, y a la luz tenue de una vela que se apaga, aquel hombre escribiría una carta de despedida para su amada y firmaría con un mensaje de esperanza que perduraría más allá de su muerte: “De Su Valentín”. ¿Quién fue, qué hizo y por qué imploran un milagro?

Era 14 de febrero de 270 D.C. en la Villa Flaminia de la ciudad de Roma y el hombre fue arrastrado de su celda al patio donde se leyeron los cargos de la acusación. Había negado el edicto del emperador Claudio II que prohibía a los jóvenes casarse y había declarado públicamente que los decretos de Roma eran indignos y que el pueblo debía ser libre para amar a Dios y para contraer matrimonio.

Valentín, el Obispo de Interamna cae de rodillas ante su ejecutor quien está dispuesto a cumplir con la orden de apalearlo, apedrearlo y decapitarlo. Ese soldado romano que empuña la gladius, la espada y símbolo del poder del imperio, será el encargado de darle fin al atrevimiento del disidente de ir en contra de las leyes establecidas.

Claudio II había dictado una ley que prohibía a las parejas jóvenes a contraer matrimonio. Este argumentaba que Roma estaba necesitada de guerreros y creía que los soldados casados no rendían en el campo de batalla de igual manera que los eficientes solteros.

Por supuesto, atribuía éste fenómeno al arraigo familiar y a la renuencia de dejar sus hogares para sumarse a los deseos de conquista y riquezas de los gobernantes a merced de la sangre derramada por los valientes.

Valentín, no sólo se opuso a la prohibición sino que en secreto, casaba a las parejas jóvenes que se lo pedían y el emperador al enterarse de la maniobra clandestina, astuto y déspota, lo mandó a llamar con la mendaz idea de escuchar sus fundamentos y considerarlos.

No sólo no los escuchó, ni mucho menos los tomó en cuenta, sino que su testimonio fue tajante y sirvió para que el religioso fuera encarcelado y condenado a muerte.

Cuenta la leyenda que cuando Valentín estaba encarcelado por orden del emperador, Asterius, el carcelero, lo desafió a realizar un milagro para certificar la existencia de Dios.

Asterius por entonces tenía una hija, Julia, quien había nacido ciega. Valentín le dio la vista, y la ambos en las sucesivas visitas de la joven a la cárcel, se enamoraron. Tras el milagro, el carcelero se convirtió al cristianismo. Sin embargo, nada de lo ocurrido pudo detener la ejecución.

La historia recogería el episodio y en el Siglo IV, el Papa Julio I mandó a construir una basílica en la Villa Flaminia en su honor porque reconocía su vocación y martirio.

En el 496 D.C., el Papa Gelasio I recogió la leyenda del milagro que hiciera Valentín estando prisionero y conmemoró el gesto y actitud, declarándolo Santo e incluyéndolo en el calendario Litúrgico Católico.

En el año 1699, se instituyó el 14 de febrero como el día para celebrar el amor y la amistad y en 1969, el Concilio Vaticano II, quiso eliminar la celebración, pero ya era demasiado tarde, porque la celebración se había convertido en una gran apuesta comercial y porque formaba parte de la cultura popular.

El ruego de los niños

Tal vez la historia más emocionante tuvo su origen en el Siglo XVIII cuando los restos mortuorios de Valentín llegaron a España desde las Catacumbas de Roma, (al menos una de las versiones así lo manifiesta)

Pero no fue sino hasta hace 20 años cuando el Padre Martínez Villar, cura párroco de la Iglesia de San Antón, en Madrid, descubriera en los sótanos, el osario de Valentín y desde ese momento se lleva a cabo una de las ceremonias más emotivas para la fe católica.

Durante toda la jornada, despues de misa, los enamorados atan cintas con sus nombres en la reja que separa la nave de la Iglesia de la urna que contiene las reliquias del santo.

Sin embargo, los mejores momentos del día son aquellos cuando los servidores recogen los cientos de mensajes escritos, peticiones y deseos de parejas y personas que acuden a solicitar el favor de San Valentín, con la marca distintiva del 14 de febrero.

Especialmente aquellos niños que imploran un milagro. Esos niños, hijos de padres divorciados, recurren al santuario con la ilusión de ser merecedores de ese milagro y le piden que sus padres vuelvan a estar juntos.

Recoger aquellos mensajes mantiene viva la esperanza y aunque la espera por el milagro sea interminable o éste no llegue jamás, el gesto de San Valentín se mantiene más vigente que nunca.

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