3 de mayo de 2026

Una entrevista inédita revela cómo Jeffrey Epstein interpretaba sus propios delitos

La reciente difusión de nuevos documentos del Departamento de Justicia de Estados Unidos volvió a poner el foco sobre la figura de Jeffrey Epstein, el financista condenado por delitos sexuales y fallecido en prisión en 2019.

Entre el material revelado se encuentra una entrevista inédita en la que Epstein realiza una llamativa autodefinición de sus propios crímenes, aportando una mirada reveladora sobre su lógica de poder, negación y relativización ética.

En el diálogo —del cual no se conoce la identidad del entrevistador— Epstein fue consultado acerca de si se consideraba un “depredador sexual de clase tres”. Su respuesta fue inmediata: “Nivel 1, soy el más bajo”. Ante la pregunta directa sobre si se definía como un criminal, respondió afirmativamente. Sin embargo, el intercambio deja en evidencia una estrategia discursiva orientada a minimizar la gravedad de sus acciones, aun cuando reconoce su carácter delictivo.

La tensión del diálogo se profundiza cuando el entrevistador interroga a Epstein sobre el origen de su fortuna y le pregunta si considera que su dinero es “sucio”. El magnate lo niega y sostiene que lo ganó legítimamente. Al ser confrontado con el hecho de que sus clientes incluían a “las peores personas del mundo”, Epstein responde con una frase que sintetiza su postura: “La ética siempre es un tema complejo”. La afirmación expone una visión utilitarista que separa deliberadamente el éxito económico de cualquier responsabilidad moral.

Epstein había sido condenado en 2008 por prostitución de menores y, tras su muerte en una cárcel de Nueva York mientras aguardaba un nuevo juicio, salieron a la luz vínculos con políticos, empresarios y celebridades presuntamente relacionados con una red internacional de tráfico sexual. Las investigaciones posteriores lo señalaron como el líder de una organización dedicada a la explotación sistemática de adolescentes.

Según las causas judiciales, la red reclutaba a jóvenes en situación de vulnerabilidad bajo la promesa de trabajos bien remunerados como “masajistas”. Luego eran trasladadas a distintas propiedades de Epstein —desde Palm Beach hasta su isla privada en el Caribe, Little Saint James— donde eran sometidas a abusos.

La entrevista inédita, lejos de aportar arrepentimiento, refuerza el retrato de un acusado que buscó redefinir sus crímenes en sus propios términos, incluso frente a la evidencia abrumadora en su contra.

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