17 de junio de 2026

Un adhesivo industrial, el gran aliado invisible que permitió coronar las torres de la Sagrada Familia

Antoni Gaudí siempre tuvo claro el diseño de las seis torres centrales de su obra maestra. Para él, la única incógnita era el tiempo que llevaría completarlas. Más de un siglo después, y coincidiendo con el centenario de su fallecimiento, las torres se han coronado con la ayuda de un insólito protagonista: un adhesivo de alta resistencia.

Se trata del producto Loctite EA 9497, desarrollado por la empresa Henkel. Este pegamento ha sido fundamental para unir la piedra con el acero, logrando que ambos materiales actúen como uno solo. El desafío era enorme: las torres se construyeron con 826 paneles modulares de piedra tesada, que integran más de 2.100 piezas de piedra fijadas a estructuras metálicas.

Cada panel requirió unos 30 kilos de adhesivo, sumando 24 toneladas aplicadas en estado líquido. Tras su aplicación, el material necesita aproximadamente 24 horas para curar y endurecerse por completo.

Resistencia extrema y condiciones adversas El resultado no solo es visualmente impactante, sino también estructuralmente sólido. La unión adhesiva soporta cargas equivalentes al peso de 100.000 personas por metro cuadrado, similar al aforo completo del Camp Nou o al de 1.600 elefantes africanos. Esta capacidad explica cómo la torre de Jesucristo, la más alta del conjunto, puede sostener la gran cruz que la corona sin comprometer su su estabilidad.

Además, el entorno supone un reto añadido. La basílica se encuentra a solo dos kilómetros del mar Mediterráneo, expuesta a la salinidad y al riesgo de corrosión. Bajo tierra, el paso de dos líneas de metro genera vibraciones constantes que afectan a toda la estructura.

Más de una década de trabajo conjunto La colaboración entre Henkel y la Sagrada Familia no es reciente. Lleva más de diez años, con pruebas que que superan los estándares habituales del sector y una logística de suministro adaptada a las particularidades del proyecto: una obra financiada exclusivamente con las donaciones de los visitantes, sin plazos fijos ni presupuesto cerrado.

Con sus 172,5 metros de altura, la Sagrada Familia se ha convertido en el templo religioso más alto del mundo, superando a la iglesia de Ulm, en Alemania.

“Este proyecto demuestra cómo la innovación y la colaboración siguen impulsando el progreso”, ha señalado Adrián Orbea, presidente de Henkel Ibérica. Una reflexión que, quizás, el propio Gaudí habría suscrito si hubiera dispuesto de un siglo más de vida.

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