Tratado de Ottawa: Países bálticos y Polonia priorizan la defensa frente a la prohibición de minas terrestres
Con la posibilidad de que más países reconsideren su adhesión a la Convención, la retirada de estos Estados puede representar un precedente preocupante. La militarización de Europa del Este está en marcha y, con ello, un nuevo debate se abre en la comunidad internacional: ¿la defensa justifica el retorno de armas prohibidas?

La decisión de Estonia, Letonia, Lituania y Polonia de abandonar la Convención de Ottawa, el tratado que prohíbe el uso de minas antipersona, marca un punto de inflexión en la estrategia de seguridad del flanco oriental de la OTAN. En un contexto de creciente tensión con Rusia, estos países consideran que la prohibición de estas armas limita sus opciones defensivas frente a una eventual agresión.
La seguridad ante todo
Los ministros de Defensa de estos países han argumentado que la retirada del tratado permitirá una mayor flexibilidad militar y fortalecerá la línea de defensa báltica. Letonia incluso plantea la producción propia de minas, alineándose con una estrategia de rearme más amplia. Lituania, por su parte, enfatiza la necesidad de desarrollar infraestructura para la fabricación de explosivos.
Este movimiento también podría incentivar a otros países a seguir el mismo camino. Finlandia, por ejemplo, ha manifestado que evalúa abandonar el tratado, en parte debido al uso extensivo de minas antipersona por parte de Rusia en Ucrania.
El dilema humanitario y político
La Convención de Ottawa, firmada por más de 160 países, busca erradicar el uso de minas terrestres debido a su impacto devastador sobre la población civil, que sigue sufriendo sus efectos años después de finalizados los conflictos. Sin embargo, la exclusión de Rusia y Estados Unidos del tratado ya había planteado dudas sobre su alcance real en la geopolítica de la defensa.
La decisión báltica y polaca pone en entredicho el equilibrio entre el derecho internacional humanitario y la seguridad nacional. Si bien los países firmantes del tratado han abogado históricamente por la eliminación de minas antipersona, la realidad del conflicto en Ucrania ha hecho que muchos reconsideren su postura.
