«Te vamos a hacer mierda»: Facundo Manes denunció una amenaza de Martín Menem
El clima parlamentario volvió a tensarse tras la denuncia del diputado radical Facundo Manes, quien aseguró que el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, lo amenazó en un pasillo del Congreso antes de la última sesión.

Según su relato, el dirigente libertario le advirtió que comenzaría una “operación de prensa brutal” en su contra y que, si se alcanzaba el quórum, “lo iban a hacer mierda”.
Menem rechazó de inmediato la acusación. En X sostuvo que Manes “falta a la verdad” y que la política necesita “seriedad, no teatro”. Testigos confirmaron que hubo un breve intercambio entre ambos, aunque no pudieron precisar el contenido.
El radical ratificó luego su versión en televisión y detalló que la supuesta operación estaría vinculada con Fred Machado, un empresario investigado en causas judiciales, aunque insistió en que no tiene ningún vínculo con él.
El episodio no puede leerse de forma aislada. En marzo, Manes había denunciado al asesor presidencial Santiago Caputo por amenazas similares, aunque la Justicia archivó el caso al considerar que se trataba de una “disputa política”. La reiteración de acusaciones de este tipo refleja una degradación del debate parlamentario y un corrimiento hacia formas de presión que rozan lo personal, lo que complica aún más la convivencia en un Congreso donde las mayorías se construyen voto a voto.
El trasfondo es la disputa por el quórum y la capacidad del oficialismo para imponer su agenda legislativa. Manes sugirió que el Gobierno utiliza mecanismos de intimidación como parte de una lógica de poder que, a su juicio, contradice la promesa libertaria de terminar con “la casta”. En su lectura, el oficialismo habría adoptado prácticas de hostigamiento propias de aquello que decía combatir.
Más allá de la veracidad de los dichos, el cruce revela un deterioro institucional: el Congreso, espacio destinado al diálogo y la negociación, se convierte en escenario de denuncias de amenazas y operaciones mediáticas. El riesgo es que estas prácticas normalicen la violencia política en un momento de alta fragilidad económica y social.
