10 de mayo de 2026

Sereno y agradecido: las últimas horas de Francisco, una despedida en paz tras una vida de entrega

Francisco murió al día siguiente de Pascua, tras haber cumplido, una vez más, con su deber pastoral. Murió después de haber bendecido y abrazado a su pueblo. Murió fiel a sí mismo, con la sencillez de quien nunca se sintió por encima de nadie y con la gratitud de quien vivió para los demás.

Ph: Vaticano/Oficial redes sociales

El Papa Francisco murió como vivió: con serenidad, humildad y en comunión con su pueblo. Así lo relató la oficina de prensa del Vaticano en un comunicado donde se detallan las últimas horas de vida del Pontífice argentino, que falleció este lunes a las 6.30 (hora italiana) a causa de un derrame cerebral, apenas un día después de celebrar la Pascua con los fieles y de bendecir, por última vez, «a la ciudad y al mundo».

En sus últimas horas, Francisco descansó por la tarde del domingo y cenó sin complicaciones. Pero a las 5.30 del lunes comenzaron los primeros signos de malestar. “Una hora después, tras saludar a Massimiliano Strappetti (enfermero), tumbado en la cama de su piso en la segunda planta de la Casa Santa Marta, el Pontífice entró en coma”, señala el texto difundido por la Santa Sede. Una muerte que, según quienes lo acompañaron, fue rápida, “discreta” y “sin sufrimiento”. Así partió Jorge Mario Bergoglio, el Papa que se mantuvo fiel hasta el final a su estilo austero y reservado, incluso frente a su propia salud, que manejó con el mismo sigilo con el que eligió vivir.

El último gesto: volver a la Plaza

Uno de los pasajes más significativos del comunicado oficial resalta el profundo vínculo entre Francisco y su comunidad. A pesar de su delicado estado de salud, el domingo quiso dar una última sorpresa: salir al encuentro de los fieles. “¿Crees que podré hacerlo?”, le preguntó con algo de duda a su enfermero antes de subir al papamóvil y recorrer la Plaza San Pedro. Lo hizo entre sonrisas y aplausos de una multitud que superaba las cincuenta mil personas. “Cansado pero feliz, el Papa agradeció a su asistente personal de salud: ‘Gracias por traerme de vuelta a la Plaza’”, rememoran en el Vaticano.

Ese gesto, sencillo pero conmovedor, resume la esencia de un papado marcado por la cercanía, el contacto con el pueblo, la apertura a los más vulnerables y una voluntad inquebrantable de poner a la Iglesia al servicio de la humanidad.

Un legado que trasciende la muerte

El fallecimiento de Francisco no solo deja un vacío en la cúpula de la Iglesia, sino también en el escenario global. Su figura fue mucho más que la de un líder religioso: se convirtió en un referente ético y político, una voz crítica del capitalismo salvaje, defensor de la justicia social, la ecología integral y el diálogo interreligioso. Hasta sus últimos días, buscó acompañar a los sectores más postergados, y ese compromiso lo llevó a recibir, hace apenas dos meses, a trabajadores argentinos del sector público en plena lucha contra el ajuste, a quienes les expresó su apoyo sin reservas.

Su muerte llega en un momento histórico de profundas transformaciones dentro y fuera del Vaticano. Pero también deja una huella difícil de borrar: la de un pontífice que no solo predicó con palabras, sino con gestos concretos, que eligió un camino “juntos”, como prometió el 13 de marzo de 2013 al asumir el pontificado.

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