Se desinfla la industria del neumático
Lo que parece un conflicto salarial más en realidad desnuda un problema más profundo: la fragilidad estructural de la industria y la lucha por definir si la crisis la pagan los trabajadores, las empresas o el Estado.

El enfrentamiento entre el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático (Sutna) y las tres grandes fabricantes del país —Fate, Bridgestone y Pirelli— escaló a un nuevo nivel de tensión con la confirmación de nuevos paros la próxima semana.
La última propuesta patronal, que ofrecía aumentos acumulativos del 3,3% en marzo, 6,7% en junio y 4% en septiembre, fue rechazada de plano por el gremio. Para los trabajadores, representaba un recorte encubierto frente a una inflación que pulveriza cualquier recomposición. Para las empresas, en cambio, ese esquema implicaba un “esfuerzo extremo” en un mercado dominado por la caída de la demanda interna, los altos costos en dólares y la competencia de neumáticos importados a precios más bajos, especialmente desde China.
El discurso empresarial se centra en la amenaza de cierres y despidos, pero el sindicato responde con una acusación que golpea en la línea de flotación del argumento: son las propias multinacionales las que importan neumáticos, generando la competencia que hoy esgrimen como excusa para ajustar salarios y reducir personal. En otras palabras, la supuesta amenaza externa también se explica por las estrategias internas de las corporaciones.
El cronograma de paros anunciado por el Sutna —paradas de ocho horas en turnos rotativos del 19 al 21 de agosto— busca visibilizar este doble estándar. “Pretenden que los trabajadores cedan parte de sus ingresos para que las compañías compensen condiciones adversas que ellas mismas contribuyen a crear”, denunció el gremio que lidera Alejandro Crespo.
Lo que se juega aquí va más allá de una paritaria. La industria del neumático funciona como laboratorio de tensiones más amplias: la presión de la apertura importadora, la incapacidad estatal de fijar reglas que protejan el trabajo local y la lógica empresaria de trasladar todos los costos de la crisis hacia los asalariados. El resultado es una producción que se desploma a niveles mínimos, con plantas al borde del freno total y miles de familias que dependen de una pulseada cuyo desenlace todavía está abierto.
El Gobierno, por ahora, se limita a mediar con convocatorias a nuevas reuniones. Pero si la parálisis se prolonga y las amenazas de despidos se concretan, el conflicto del neumático podría convertirse en un símbolo de la disputa central que atraviesa a la Argentina: quién carga con el peso de la crisis, si las corporaciones, los trabajadores o el conjunto de la sociedad.
