2 de septiembre de 2026

Salario mínimo: una década de deterioro y una pérdida cercana al 60% de su valor en dólares

La persistencia de la inflación y las variaciones del tipo de cambio continuaron condicionando la capacidad de los aumentos nominales para recomponer el ingreso de los trabajadores.

El nuevo aumento del Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) vuelve a poner en evidencia una de las principales dificultades de la economía argentina: la fuerte pérdida del valor real de los ingresos más bajos.

Desde septiembre de 2026, el salario mínimo quedó fijado en $383.800 para quienes cumplen una jornada laboral completa. Al convertir ese monto al tipo de cambio oficial vendedor de $1.533,63, representa aproximadamente 250 dólares.

La cifra adquiere otra dimensión cuando se la compara con el escenario de una década atrás. En noviembre de 2015, el salario mínimo rondaba los 580 dólares y se encontraba entre los más altos de América Latina. Once años después, el ingreso mínimo equivale a apenas el 43% de aquel valor, lo que implica una pérdida cercana al 57% medida en moneda estadounidense.

Más allá de las discusiones sobre cuál es el tipo de cambio más adecuado para realizar este tipo de comparaciones, la tendencia resulta difícil de ignorar: el salario mínimo argentino perdió una parte sustancial de su valor internacional y nunca logró recuperar de manera sostenida el nivel alcanzado durante la primera mitad de la década pasada.

Uno de los grandes puntos de inflexión se produjo en 2018. La fuerte depreciación del peso durante la gestión de Mauricio Macri provocó un brusco descenso del salario mínimo medido en dólares. Para 2019, la remuneración mínima se ubicaba aproximadamente entre los 270 y 297 dólares, dependiendo del período analizado y de la cotización utilizada.

Desde entonces, el recorrido estuvo marcado por recuperaciones parciales seguidas de nuevas pérdidas. La volatilidad cambiaria, la inflación y la falta de una recomposición sostenida de los ingresos fueron erosionando la capacidad del salario mínimo para mantener su valor frente a otras monedas.

El deterioro se hizo todavía más visible hacia finales de 2023. El SMVM había sido fijado en $156.000 y, tomando como referencia el dólar paralelo de aquel momento, distintas estimaciones ubicaban su equivalente en torno de los 152 dólares.

De esta manera, Argentina pasó a exhibir uno de los salarios mínimos más bajos de la región, una situación que contrastaba fuertemente con la posición que ocupaba años antes.

En septiembre de 2024, el salario mínimo alcanzó nominalmente los $268.056,50. Sin embargo, el incremento en pesos no implicó necesariamente una recuperación equivalente de su valor en dólares.

La persistencia de la inflación y las variaciones del tipo de cambio continuaron condicionando la capacidad de los aumentos nominales para recomponer el ingreso de los trabajadores.

El dato más reciente vuelve a plantear el mismo problema. El Gobierno anuncia una nueva actualización de $7.200, pero el incremento resulta limitado frente a la magnitud de la pérdida acumulada durante los últimos años.

El salario mínimo crece en términos nominales, aunque continúa lejos de recuperar el terreno perdido en términos relativos.

La discusión, por lo tanto, no debería concentrarse únicamente en cuánto aumenta el salario mínimo en pesos, sino en qué capacidad conserva ese ingreso para garantizar condiciones de vida adecuadas.

Una remuneración mínima puede subir nominalmente de manera constante y, al mismo tiempo, perder poder adquisitivo frente a los precios, los servicios, la vivienda y otras necesidades básicas.

La evolución de la última década muestra que el problema trasciende a una administración en particular. Las sucesivas devaluaciones, los períodos de inflación elevada y las diferentes estrategias económicas terminaron configurando una trayectoria de deterioro que ningún gobierno logró revertir de manera duradera.

El dato del 2026 es contundente: expresado en dólares oficiales, el salario mínimo argentino está casi 60% por debajo del nivel que tenía en 2015.

Detrás de esa cifra no hay solamente una comparación cambiaria, sino una señal sobre la profunda transformación del ingreso laboral y sobre la distancia que todavía existe entre los salarios actuales y los niveles que alguna vez alcanzaron.

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