«Railguns»: el cañón del futuro que dispara con imanes y sin pólvora
En la carrera global por actualizar los sistemas de defensa, España ha puesto sus miras en una tecnología que promete revolucionar la artillería: los cañones electromagnéticos, conocidos técnicamente como ‘railguns’.

El Ministerio de Defensa los ha incluido como una de las prioridades dentro de su nueva Estrategia de Tecnologías e Innovación para la Defensa (ETID), publicada el pasado marzo. Se trata de una apuestauesta por armas que, en las próximas décadas, podrían transformar por completo tanto la artillería convencional como los sistemas de defensa aérea.
A diferencia de los cañones tradicionales, que usan pólvora o productos químicos para lanzar un proyectil, los cañones electromagnéticos se basan en la electricidad.
Según explica la Missile Defense Advocacy Alliance (MDAA), estos sistemas se montarán principalmente en buques, donde almacenarán la energía generada por la embarcación. «Luego se envía un pulso eléctrico al cañón, creando una fuerza electromagnética que lanza el proyectil», detalla la organización.
El mecanismo es sencillo en teoría: consta de dos raíles conductores paralelos (de ahí el nombre ‘railgun’). Por ellos circula una corriente eléctrica de altísima intensidad, generando un campo magnético que impulsa el proyectil a velocidades que pueden superar los varios miles de kilómetros por hora, alcanzando el rango hipersónico.
Un informe de la Armada española, elaborado por Pedro Ramón Saura, señala que «la tecnología actual ya permite fabricar este tipo de cañón» y que «la coyuntura estratégica lo hace deseable» ante las amenazas que enfrentan las marinas de los países de la OTAN.
Una de las claves es que el proyectil no lleva explosivo: su poder destructivo reside en la energía cinética del impacto. Esto reduce los riesgos de almacenamiento y manipulación de municiones, además de permitir un diseño más seguro y compacto.
La secretaria de Estado de Defensa, María Amparo Valcarce, ha subrayado que el objetivo no es solo tener armas avanzadas, sino «contar con una base industrial y tecnológica nacional capaz de desarrollarlas, producirlas y sostenerlas de forma autónoma». Esto busca reducir las dependencias críticas del exterior y fortalecer el sector nacional.
El desarrollo de estos cañones se enmarca dentro de una estrategia más amplia que incluye otras armas de energía dirigida, como láseres o sistemas de radiofrecuencia. Además, se está investigando cómo gestionar el suministro de grandes cantidades de energía eléctrica pulsada, uno de los principales retos técnicos de estos sistemas.
Carrera internacional: no solo España
El interés por los ‘railguns’ es global. Aunque la Armada de Estados Unidos redujo temporalmente su inversión por dificultades técnicas y presupuestarias, el Pentágono ha retomado el impulso en los últimos años. Hace seis años, un informe del Congreso estadounidense ya señalaba que varias ramas del Departamento de Defensa trabajaban en ello.
En Europa, la Agencia Europea de Defensa (EDA) encargó hace tres años un estudio de viabilidad dotado con 1,5 millones de euros, analizando el potencial disruptivo de esta tecnología frente a la artillería tradicional. El estudio también evaluó su combinación con nuevos proyectiles hiperveloces y su integración en plataformas terrestres y navales.
Por su parte, el Instituto Franco-Alemán de Investigación de Saint-Louis ha participado en iniciativas conjuntas para estudiar cómo incorporar los ‘railguns’ en futuros sistemas militares.
¿Por qué son mejores que la artillería clásica?
Los defensores de esta tecnología destacan tres ventajas principales frente a los cañones convencionales:
►Velocidad y alcance: los proyectiles hipersónicos reducen drásticamente el tiempo de vuelo y amplían el alcance efectivo.
►Menor coste por disparo: al eliminar los explosivos, el coste logístico y unitario de la munición disminuye de forma considerable.
►Versatilidad: su posible instalación en buques o sistemas terrestres permitiría complementar otras capacidades de defensa y ataque en conflictos de alta intensidad.
