4 de julio de 2026

Precarización laboral en alza: el monotributo creció un 51% en la última década

Si el trabajo ya no dignifica, es porque el sistema económico ha dejado de proteger a quienes lo sostienen. Y esa, más que una crisis laboral, es una crisis de sentido y de modelo de país.

Lejos de reflejar dinamismo laboral, el aumento del monotributismo pone en evidencia la fragilidad del mercado de trabajo argentino. El empleo formal se estanca, la informalidad crece y las políticas del actual gobierno no hacen más que profundizar el deterioro.

En la Argentina actual, tener trabajo ya no es sinónimo de estabilidad ni de derechos garantizados. Cada vez más personas trabajan, pero en condiciones cada vez más frágiles. El dato que lo resume todo: el régimen de monotributo creció un 51% en la última década, mientras que el empleo formal privado permanece estancado.

Esta transformación silenciosa del mercado laboral revela una precarización estructural, que ha sido invisibilizada por años y que ahora se agudiza bajo la política de ajuste del gobierno de Javier Milei.

Según el consultor en recursos humanos Matías Ghidini, esta expansión del monotributo no refleja una mejora en el dinamismo laboral, sino más bien una respuesta forzada de miles de trabajadores frente a la imposibilidad de acceder a empleos registrados. “El mercado laboral argentino está crónicamente debilitado”, advirtió, y agregó que “no genera empleo privado registrado desde hace más de una década”.

Monotributistas: trabajadores sin red

En términos concretos, lo que el crecimiento del monotributo significa es que cada vez más personas trabajan por su cuenta, sin aguinaldo, sin licencias pagas, sin obra social ni cobertura por despido, y muchas veces obligadas por empresas que disfrazan relaciones de dependencia para abaratar costos y evadir obligaciones legales.

Este fenómeno, que ha sido tolerado por los distintos gobiernos, se ha naturalizado al punto de que hoy se lo promociona como “flexibilidad” laboral, cuando en realidad representa una retirada del Estado de su deber de protección social.

El problema se agrava en el actual contexto de recesión, con una inflación que devora salarios y una economía paralizada. En 2024, los pedidos de subsidios por desempleo crecieron un 60%, alcanzando el nivel más alto en una década.

La paradoja: mientras el Ejecutivo promete una “recuperación” por venir, el presente muestra un mercado laboral en caída libre, donde quienes no pierden el trabajo directamente, se ven empujados a aceptarlo en condiciones cada vez más precarias.

Un modelo que margina al trabajador

El crecimiento del monotributismo no es un fenómeno aislado. Es el síntoma de un modelo económico que favorece la desregulación, recorta derechos y prioriza el equilibrio fiscal por sobre el bienestar de las personas. En nombre del “costo laboral”, se desfinancian políticas de empleo, se eliminan instancias de negociación colectiva y se deja librado al mercado un tema que requiere políticas públicas urgentes.

Ghidini lo define con claridad: “Estamos asistiendo al crecimiento del cuentapropismo y del autoempleo por necesidad, no por oportunidad”. En otras palabras, la Argentina no promueve emprendedores, fabrica trabajadores pobres.

¿Cuál es la salida?

Frente a esta realidad, urge repensar el modelo laboral argentino, no desde una lógica de “modernización” neoliberal que implica más precariedad, sino desde una perspectiva que garantice inclusión, equidad y justicia social. La creación de empleo de calidad, con plenos derechos, no puede ser un deseo a largo plazo, sino una prioridad inmediata.

Mientras tanto, el aumento del monotributo seguirá engrosando las cifras de una falsa recuperación, ocultando tras su crecimiento la expansión de un ejército de trabajadores sin garantías, sin representación y sin futuro.

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