5 de junio de 2026

Por la pandemia 72 millones de niños más podrían verse afectados por la pobreza de aprendizajes

De acuerdo con dos nuevos informes del Banco Mundial, debido a los cierres de escuelas relacionados con el Covid-19, otros 72 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria podrían verse afectados por la pobreza de aprendizajes, lo que significa que a los 10 años no podrán leer y entender un texto sencillo.

La pandemia está agravando la crisis mundial de aprendizaje que ya existía: debido a ella, podría aumentar del 53 % al 63 % el porcentaje de niños en edad de asistir a la escuela primaria de los países de ingreso bajo y mediano que se ven afectados por la pobreza de aprendizajes, y esta generación de estudiantes podría perder alrededor de USD 10 billones en ingresos generados a lo largo de toda la vida, monto equivalente a casi el 10 % del producto interno bruto (PIB) mundial.

Reformular las conexiones humanas, tecnología e innovación, el nuevo enfoque del Banco Mundial que apunta a orientar las inversiones en tecnología educativa a fin de que la tecnología pueda servir realmente como una herramienta para lograr que los sistemas educativos sean más resilientes a crisis catastróficas como la COVID-19 y ayudar a reconfigurar la manera de impartir educación.

Debido a los cierres de establecimientos educativos, la mayoría de los estudiantes del planeta no concurre a la escuela: 1600 millones durante el pico de la pandemia en abril de 2020 y casi 700 millones incluso hoy en día. El impacto negativo de la contracción sin precedentes de la economía mundial sobre el ingreso de las familias ha contribuido al aumento de la deserción escolar.

Los grupos marginados son más propensos a quedar aún más rezagados. Las niñas corren mayor riesgo de embarazo adolescente y matrimonio prematuro durante la pandemia.

Asimismo, los niños con discapacidad, las minorías étnicas, los refugiados y las poblaciones desplazadas tienen menos probabilidades de acceder a materiales de aprendizaje remoto adecuados y de regresar a la escuela después de la crisis.

Los países pueden trazar su propio camino asumiendo el compromiso político de llevar a cabo inversiones y reformas en los cinco pilares a fin de garantizar que:

los alumnos estén preparados y motivados para aprender, con un mayor énfasis en el desarrollo integral de los niños y el apoyo a la continuidad del aprendizaje fuera de la escuela, y mejor preparación a través de una educación preescolar de calidad, estimulación temprana y una nutrición adecuada;

los docentes sean eficaces y se sientan valorados, y estén preparados para asumir la función cada vez más compleja respaldada por la tecnología que permita enseñar a estudiantes con diversos niveles de aprendizaje, lo que requiere una trayectoria profesional meritocrática y apoyo permanente a través de capacitación práctica centrada en la calidad de la instrucción;

los recursos de aprendizaje, incluidos un programa académico eficaz y el aprendizaje combinado, respalden prácticas pedagógicas que garanticen que cada estudiante reciba instrucción en el nivel que necesita;

las escuelas sean espacios seguros e inclusivos en los que se adopte un enfoque integral que trascienda el entorno escolar con el objetivo de prevenir y abordar la violencia, y no dejar atrás a ningún niño;

los sistemas educativos estén bien administrados y cuenten con directivos escolares que promuevan una práctica pedagógica más eficaz y una burocracia educativa competente que sea diestra en el uso de la tecnología, los datos y las evidencias.

Por su parte, el Departamento de Prácticas Mundiales de Educación ha intensificado rápidamente su apoyo a los países. En general, el Banco Mundial está respaldando inversiones en la respuesta a la COVID-19 en 62 países, lo que abarca el ciclo completo que va desde la infancia hasta la educación superi

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *