6 de junio de 2026

Pluriempleo y sobreocupación: el rostro oculto de la precariedad laboral en la era Milei

Lejos de la épica de la “libertad”, el modelo laboral de Milei se traduce en más trabajo y menos derechos, más esfuerzo y menos ingresos, más horas y menos futuro. La Argentina del pluriempleo y la sobreocupación no es una tierra de oportunidades: es el resultado de una política económica que precariza, desprotege y deshumaniza al mundo del trabajo. Una sociedad donde se trabaja más que nunca… para seguir siendo pobre.

Mientras el Gobierno nacional insiste en que “el empleo está creciendo” y en que “la inflación está cediendo”, los datos más recientes revelan una realidad mucho más cruda: el trabajo en la Argentina actual no alcanza para salir de la pobreza.

El crecimiento del pluriempleo y la sobreocupación refleja el fracaso estructural de las políticas laborales del gobierno de Javier Milei, que, lejos de generar empleo de calidad, empuja a millones de trabajadores a jornadas interminables y múltiples empleos para simplemente sobrevivir.

Según el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), en 2024 el pluriempleo alcanzó un récord del 12,4%, lo que representa 2,4 millones de personas que sostienen más de un trabajo para compensar ingresos insuficientes. A la vez, 3,5 millones de ocupados (16,6%) están en la búsqueda activa de un segundo empleo. Esta presión constante sobre los trabajadores no es casual, sino la consecuencia directa de salarios deprimidos, inflación desbordada y un mercado laboral flexibilizado de hecho.

La sobreocupación también se disparó al 29,2%, es decir, más de 5,8 millones de personas trabajan más de 45 horas por semana, y muchas superan incluso las 57 horas semanales. Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), cerca de un millón de personas trabajan en promedio 62 horas semanales, y otras 900.000 llegan a jornadas de entre 13 y 16 horas diarias. Este nivel de sobreexplotación, lejos de significar un mayor ingreso, termina siendo un castigo adicional: quienes más trabajan solo ganan 12,8% más que el promedio, a pesar de aportar casi un 50% más de tiempo, y su remuneración por hora es 23,4% menor.

Este fenómeno marca un giro profundo en el mercado de trabajo argentino. Ya no se trata de la falta de empleo, sino de la calidad del empleo disponible, caracterizado por contratos precarios, salarios erosionados y pérdida de derechos. “La sobreexplotación de los trabajadores se explica en un marco de precarización laboral y caída del poder adquisitivo, donde el trabajo ya no garantiza siquiera la subsistencia”, señala Ana Rameri, del IPyPP.

Los números lo confirman: el 27,9% de las personas ocupadas son pobres, y el 4,3% indigentes. Es decir, casi tres de cada diez trabajadores no alcanzan a cubrir una canasta básica, incluso teniendo empleo. La pobreza golpea especialmente a los asalariados no registrados (42,2%) y cuentapropistas (38,4%), pero también al 16,6% de los trabajadores formales, lo que desmiente el supuesto “blindaje” del empleo registrado frente a la crisis.

Desde la asunción de Javier Milei, el salario real en el sector público cayó un 15,3%, profundizando una tendencia que se arrastra desde 2017, cuando los estatales acumulaban ya una pérdida del 34%. En el sector privado, la leve recuperación observada a fines de 2024 fue efímera: hacia marzo de 2025 ya se había esfumado, dejando a los trabajadores nuevamente por debajo de los niveles pre-crisis.

En este contexto, la expansión del pluriempleo es síntoma y respuesta: ante un Estado que ajusta, un mercado que no invierte y una inflación que sigue licuando ingresos, los trabajadores multiplican sus horas y empleos para no caer —o no caer más— en la pobreza. Pero el esfuerzo individual no alcanza: el salario mínimo vital y móvil, de $302.600, ni siquiera cubre la canasta básica de un adulto mayor, estimada en $359.246, lo que convierte a ese umbral en una ficción oficial.

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