Patrimonio, poder y símbolos: el conflicto por el sable de San Martín
El episodio reabre un debate más amplio sobre el manejo del patrimonio histórico y el uso de los símbolos fundacionales del Estado. En un clima de confrontación cultural promovido desde el Gobierno, el sable de San Martín vuelve a funcionar menos como objeto histórico que como emblema en disputa, reflejo de una pelea más profunda por el sentido del pasado y su proyección en el presente.

La decisión del presidente Javier Milei de trasladar el sable corvo del general José de San Martín del Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos no solo provocó la renuncia de su entonces directora, María Inés Rodríguez Aguilar, sino que volvió a poner en evidencia una disputa histórica donde el patrimonio, la política y la ideología se entrecruzan.
Rodríguez Aguilar cuestionó públicamente la medida y sostuvo que el traslado contradice la voluntad expresa de la familia de Juan Manuel de Rosas, quien había recibido el sable como donación del propio San Martín y dispuso que permaneciera en el Museo Histórico Nacional. En declaraciones a C5N, calificó la decisión presidencial como una “apropiación simbólica” orientada a construir legitimidad política. “No es un gesto neutral: es una apropiación para legitimar una imagen”, afirmó.
El derrotero del sable, recordó la exdirectora, nunca estuvo desligado de las tensiones de poder. Desde la donación de San Martín a Rosas, el objeto quedó atrapado en disputas ideológicas que atravesaron distintos momentos de la historia argentina. Tras la muerte de Rosas, el sable regresó al país en 1898 con la instrucción familiar de que fuera depositado en el Museo Histórico Nacional, destino que fue ratificado por un decreto del presidente José Félix Uriburu.
Sin embargo, su custodia se vio alterada en contextos de fuerte conflictividad política. En la década del sesenta, la pieza fue robada en dos oportunidades por comandos peronistas, episodios que derivaron, durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, en su traslado al Regimiento de Granaderos. Durante décadas, el museo reclamó su restitución, que finalmente se concretó en 2015, bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, con una solución intermedia: el sable volvió al museo, pero con custodia permanente de granaderos.
Para Rodríguez Aguilar, el nuevo traslado dispuesto por Milei retoma una interpretación selectiva de la historia y desconoce tanto los antecedentes institucionales como el consenso alcanzado en los últimos años. Señaló que ya en 2025 había advertido que renunciaría si la pieza volvía a salir del museo. “La decisión estaba tomada desde entonces. Esto no fue improvisado”, explicó.
