10 de mayo de 2026

«Paritaria por Zoom»: El Gobierno convoca a los estatales y ATE denuncia una “farsa” sin precedentes

La paritaria estatal convocada sobre la hora y sin presencia política de peso confirma una tendencia preocupante: el vaciamiento del diálogo social como herramienta de resolución de conflictos. En su lugar, crece la desconfianza, se acumula el malestar y se acelera el deterioro de una relación clave para el funcionamiento del Estado. Lo que se juega, más allá del Zoom, es la legitimidad de gobernar sin escuchar.

A horas de cerrar el mes de mayo y sin mayores señales de negociación previa, el Gobierno Nacional convocó de forma urgente a los gremios de trabajadores estatales —ATE y UPCN— a una reunión paritaria por Zoom, prevista para este miércoles a las 14 horas.

La modalidad y el momento elegidos encendieron la crítica inmediata del gremio conducido por Rodolfo Aguiar, que calificó la instancia como una «nueva farsa» y acusó al Ejecutivo de esconderse detrás de una pantalla “porque ya ni la cara se animan a dar”.

La convocatoria, que llegó a los sindicatos con carácter de urgente a través de una cédula oficial, será llevada adelante por la Dirección de Análisis de las Relaciones Laborales del Sector Público, pero sin la presencia visible de los principales funcionarios del área. Esta ausencia simbólica fue leída por ATE como un gesto político: un Gobierno que gestiona la crisis salarial sin asumir el costo político de hacerlo de frente.

Un llamado a discutir sin discutir
Para ATE, lo que se presenta como una paritaria es, en realidad, un simulacro. “Seguimos demandando una suma fija de carácter permanente y un incremento que compense el deterioro que sufrieron todos los ingresos del sector público durante los últimos 17 meses”, afirmó Aguiar, al tiempo que exigió que ningún estatal quede por debajo de la línea de pobreza. “Basta de aumentos por debajo de la inflación”, reclamó con dureza.

La crítica no es nueva, pero se profundiza. En el último acuerdo salarial, el Gobierno pactó con UPCN —el gremio históricamente más cercano a las gestiones oficiales— aumentos del 1,3% mensual para marzo, abril y mayo, junto a un bono de $45.000 por única vez. La pauta quedó muy por debajo de la inflación real, que en marzo fue del 3,7%, lo que implica una pérdida constante del poder adquisitivo de los estatales.

Salarios estancados, legitimidad en crisis
El carácter virtual de la convocatoria no solo revela la desvalorización del diálogo social, sino también la debilidad del propio Gobierno para sostener acuerdos con legitimidad. Una discusión salarial sin presencialidad ni interlocutores jerárquicos es, en los hechos, una señal de vacío político: ni voluntad de negociar, ni posibilidad de revertir el malestar creciente en la administración pública.

Lo que está en juego ya no es solo un porcentaje de ajuste salarial, sino la relación entre el Estado empleador y sus trabajadores. Una relación deteriorada, donde la negociación aparece desdibujada, burocratizada, sin contenido real y sin horizonte de mejora.

La tensión que se acumula
ATE se ha mantenido en estado de movilización y no descarta nuevas medidas de fuerza si la reunión de este miércoles no arroja resultados concretos. La distancia entre la inflación y los salarios, que en muchos casos no alcanzan a cubrir la canasta básica, ya no se puede maquillar con bonos de ocasión ni con aumentos simbólicos. La demanda de fondo es una: recuperar lo perdido, recomponer el ingreso real y terminar con los “ajustes por goteo”.

En un contexto de ajuste estructural, despidos en diversas áreas del Estado y congelamiento de ingresos, el llamado de último momento a una reunión por Zoom aparece más como una táctica de contención que como una negociación genuina. Y pone sobre la mesa una verdad incómoda: el Gobierno prefiere no ver a los trabajadores cara a cara porque no tiene respuestas que dar.

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