Paritaria de Comercio: suba de apenas 6% semestral con sumas fijas, presión oficial y revisión incierta
El acuerdo, que contempla también sumas fijas de 40.000 pesos mensuales hasta fin de año, incluyó la promesa de una revisión en noviembre, en función de la evolución de la inflación.

Tras semanas de negociaciones tensas y fuertes presiones del Gobierno, la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (Faecys), que lidera Armando Cavalieri, acordó un aumento salarial semestral del 6% escalonado para más de un millón de trabajadores del sector.
En términos prácticos, la mejora se repartirá en cuotas del 1% mensual entre julio y diciembre, lo que implica un ajuste progresivo que, sumado a las asignaciones no remunerativas, intenta compensar la pérdida de poder adquisitivo acumulada por la inflación. Sin embargo, la suma fija de diciembre será la única que pasará al salario básico en enero de 2026, mientras que las restantes se extinguirán, confirmando que buena parte de la “mejora” queda fuera de la base remunerativa real.
Más allá de los porcentajes, el trasfondo político resulta clave: el Ejecutivo intervino de manera explícita para limitar mayores aumentos y contener la presión inflacionaria, tensando la relación con el gremio más poderoso del sector privado. Ya en el primer semestre, las sumas fijas y porcentajes acordados habían sido objetados por el Gobierno, que demoró su homologación, lo que derivó en un clima de creciente malestar entre los trabajadores y las cámaras empresarias.
Con una inflación aún elevada, la estrategia de aplicar sumas fijas no remunerativas aparece como una forma de desindexar los convenios salariales del ritmo real de los precios, lo que en los hechos profundiza la caída del salario básico y restringe otros derechos (como aportes a la seguridad social o futuras jubilaciones). Aun así, el impacto de las sumas fijas se contabilizará para el cálculo de aguinaldos, vacaciones e indemnizaciones, atenuando parcialmente su efecto.
La revisión prevista para noviembre abre la posibilidad de nuevos ajustes, pero también siembra incertidumbre: dependerá de variables macroeconómicas volátiles, y del margen político que conserve el Gobierno para seguir interviniendo en la negociación colectiva.
En definitiva, la paritaria de Comercio sintetiza la actual tensión entre la política de ajuste del Ejecutivo, la urgencia de los trabajadores por sostener ingresos frente a una inflación persistente y el objetivo oficial de “anclar” expectativas. El resultado termina siendo un acuerdo que, más que garantizar poder de compra, actúa como un paliativo temporal mientras se pospone el verdadero debate sobre salarios dignos y estabilidad laboral.
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