Parálisis textil en Tierra del Fuego: la fabricante de Danubio y Cannon suspende a todo su personal
La combinación de cambios regulatorios, disputas judiciales y caída del consumo interno vuelve a poner en cuestión la viabilidad de ese esquema. Mientras las empresas buscan sobrevivir en un entorno cada vez más restrictivo, los trabajadores enfrentan un escenario de incertidumbre que amenaza con profundizar la retracción industrial en la región.

La crisis que atraviesa la industria manufacturera en la provincia de Tierra del Fuego volvió a quedar expuesta con la suspensión total del personal de la empresa Sueño Fueguino, fabricante de marcas de ropa de cama como Danubio, Cannon, Fiesta y Suplesa.
La compañía decidió suspender durante tres meses a sus cerca de 70 trabajadores en su planta ubicada en Río Grande, en un intento por evitar nuevos despidos en un escenario de fuerte deterioro productivo.
La medida refleja una crisis que no es reciente. Durante el año pasado la firma ya había reducido su plantilla con el despido de 35 empleados, más de un tercio del plantel. En aquel momento la empresa argumentó que acumulaba cientos de toneladas de mercadería sin poder trasladar al continente, lo que paralizó su logística y agravó la situación financiera.
La ministra de Trabajo provincial, Sonia Castiglione, confirmó que el acuerdo alcanzado implica suspensiones por tres meses, durante los cuales los trabajadores percibirán aproximadamente el 90% de su salario de bolsillo. El convenio fue firmado con participación de varios gremios, entre ellos sindicatos textiles y de transporte.
Sin embargo, el problema excede la coyuntura inmediata y expone tensiones estructurales en el esquema productivo fueguino. Sueño Fueguino —fundada en 1981 y considerada durante años uno de los principales fabricantes de ropa de cama del país— quedó fuera del régimen promocional establecido por la Ley 19.640, el sistema de incentivos fiscales que durante décadas sostuvo la industrialización en la isla.
La exclusión se vincula a un largo conflicto judicial entre la empresa y el Estado nacional. Según explicó el representante legal de la compañía, Raúl Paderne, la firma quedó impedida de exportar parte de su producción y enfrenta serias limitaciones para comercializar en el continente. Como consecuencia, la empresa acumula decenas de camiones cargados de mercadería sin salida comercial ni capacidad de almacenamiento.
El empresario Ohanes Bogiatzian, impulsor del proyecto industrial, había advertido desde hace años sobre los riesgos de excluir al sector textil de los beneficios promocionales. De hecho, un decreto emitido en 2021 dejó a las textiles fuera de la prórroga del régimen, aunque posteriormente se intentó establecer una extensión parcial mediante el Decreto 594/23, que imponía cupos de producción con beneficios fiscales.
La empresa decidió no adherir a ese esquema y optó por litigar contra el Estado. Esa decisión terminó teniendo consecuencias directas: al mantenerse el juicio, quedó excluida de los incentivos fiscales que continúan recibiendo otros sectores industriales de la provincia.
El caso de Sueño Fueguino no es un hecho aislado. Según datos del gobierno provincial, el sector textil fueguino sufrió una contracción sostenida en los últimos años: de once empresas que operaban en la provincia, actualmente quedan apenas cuatro. Entre los cierres recientes se encuentra el de Blanco Nieve, que despidió a 32 trabajadores alegando falta de ventas, además de otras firmas como Barpla y Textil Río Grande.
El deterioro de la actividad abre un debate más amplio sobre el futuro del modelo industrial en la provincia más austral del país. Durante más de cuatro décadas, el régimen promocional fue la principal herramienta para atraer inversiones y sostener empleo manufacturero en un territorio con elevados costos logísticos.
