17 de mayo de 2026

Nuevo cruce entre Lilia Lemoine y Marcela Pagano en el Congreso

La escena se produjo mientras el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, presentaba su informe de gestión, en un contexto en el que las revelaciones de corrupción golpean de lleno al corazón del gobierno libertario.

Ph: m1

El episodio ocurrido este miércoles en la Cámara de Diputados entre Lilia Lemoine y Marcela Pagano no fue un mero cruce personal, sino un síntoma de las tensiones crecientes dentro del propio oficialismo y de la fragilidad del clima legislativo en torno al escándalo de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis).

Pagano, perteneciente al espacio Coherencia, buscaba interpelar al funcionario sobre la trama de coimas que compromete a funcionarios cercanos al presidente. Sin embargo, Lemoine se interpuso físicamente delante suyo y llegó a afirmar: “No está en sus condiciones”. La frase, ambigua pero cargada de desdén, operó como detonante de un escándalo en el recinto que rápidamente se trasladó a la arena política y mediática.

Lo que parece un gesto aislado cobra otra lectura cuando se lo coloca en el marco de las disputas internas del oficialismo. Lemoine, una de las diputadas más fieles a Javier Milei, se ha convertido en una suerte de guardiana del relato libertario. Su actitud frente a Pagano funcionó como un acto de disciplinamiento simbólico: marcar quién tiene legitimidad para hablar y quién no cuando se trata de temas sensibles como la corrupción que salpica a Karina Milei, Lule Menem y Martín Menem.

La intervención de Pagano, en cambio, refleja una dinámica diferente. Lejos de confrontar con Milei en lo discursivo, intentaba trasladar a Francos la preocupación institucional por el avance de un caso que amenaza con erosionar la credibilidad gubernamental. El hecho de que una diputada oficialista plantee en el recinto la cuestión de Andis evidencia que la crisis no se limita a la oposición: también genera incomodidad en sectores aliados que perciben el costo político de sostener un silencio absoluto.

El enfrentamiento expone así dos planos de lectura. Por un lado, la fractura entre el núcleo duro del mileísmo, que responde de manera cerrada y hasta agresiva frente a cualquier intento de cuestionamiento; por otro, la incomodidad creciente en figuras que, aun sin romper con el oficialismo, entienden que el escándalo de corrupción no puede ser invisibilizado sin dañar la legitimidad parlamentaria.

La frase de Lemoine —“No está en sus condiciones”— resulta reveladora porque condensa un gesto autoritario: la idea de que la capacidad de intervenir en el debate político no surge de la representación democrática, sino de la validación del núcleo duro. Un mecanismo de exclusión discursiva que choca de frente con el principio deliberativo del Congreso.

Más allá del incidente puntual, lo ocurrido deja entrever un deterioro en el clima legislativo. El Parlamento, que debería ser el ámbito para debatir las denuncias de corrupción, se convierte en escenario de desplantes y disputas personales que desvían la atención del problema de fondo: la necesidad de esclarecer cómo se estructuraron las “cajas negras” de financiamiento dentro del gobierno.

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