17 de junio de 2026

No hay derrame: en las provincias se pierde más empleo que en el conurbano bonaerense

Los números del mercado laboral sugieren que, hasta ahora, el derrame prometido no se traduce en más empleo ni en un fortalecimiento de las economías del interior, que continúan siendo uno de los sectores más afectados por la actual transformación económica.

La teoría de que la apertura económica y la reconfiguración productiva impulsarían una nueva etapa de crecimiento en las provincias comienza a encontrar fuertes cuestionamientos en los propios datos del mercado laboral.

Un estudio de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) revela que la pérdida de empleo formal no solo no se concentró en los grandes centros urbanos, sino que golpeó con mayor intensidad a las ciudades intermedias, pequeñas localidades y regiones periféricas del país.

Los números contradicen uno de los argumentos centrales defendidos por el Gobierno nacional y por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quien planteó que parte de la actividad económica podría desplazarse desde el Área Metropolitana de Buenos Aires hacia el interior. Sin embargo, la evidencia muestra una realidad diferente: la destrucción de puestos de trabajo fue más severa fuera de los grandes conglomerados urbanos.

Entre 2023 y 2025, más de 300 departamentos argentinos registraron retrocesos en el empleo privado formal. El impacto fue particularmente profundo en el Nordeste y el Noroeste argentino, dos regiones históricamente vulnerables que hoy enfrentan una caída del empleo superior a la observada en el AMBA. Mientras el área metropolitana sufrió una contracción cercana al 2%, en varias provincias del norte los descensos duplicaron e incluso triplicaron ese porcentaje.

El dato adquiere mayor relevancia porque pone en discusión la idea de una «desconcentración virtuosa» de la actividad económica. Lejos de observarse una migración de inversiones y empleo hacia las provincias, los registros muestran que las economías regionales continúan perdiendo capacidad para sostener puestos de trabajo formales. En términos relativos, las localidades pequeñas y medianas exhibieron un deterioro significativamente mayor que los grandes centros urbanos.

A este panorama se suma una creciente preocupación entre empresarios nacionales por el escaso nivel de integración local en algunos de los proyectos de inversión más importantes del país. La polémica se instaló tras conocerse que un emprendimiento minero multimillonario prevé importar desde China una ciudad modular completa para alojar a sus trabajadores, sin abrir instancias de participación para proveedores argentinos.

La decisión generó fuertes críticas dentro del sector industrial, que observa cómo algunas inversiones estratégicas avanzan sin generar el efecto multiplicador prometido sobre la economía local. La ausencia de empresas nacionales en la provisión de bienes y servicios alimenta las dudas sobre la capacidad real de estos proyectos para convertirse en motores de desarrollo regional y creación de empleo.

La situación adquiere una dimensión aún más compleja si se considera el deterioro de la competitividad. Diversos estudios advierten que Argentina se encareció en dólares durante los últimos meses, un fenómeno que afecta especialmente a la industria y a los sectores orientados al mercado interno. En paralelo, el empleo formal continúa retrocediendo y la cantidad de trabajadores registrados muestra una tendencia descendente que ya lleva más de un año.

En este contexto, la expectativa de que la minería, la energía y las grandes inversiones funcionaran como locomotoras para impulsar proveedores locales, generar empleo de calidad y dinamizar las economías regionales todavía no encuentra respaldo en los indicadores. Por el contrario, los datos reflejan una realidad preocupante: mientras avanzan los proyectos exportadores, gran parte del entramado productivo nacional sigue perdiendo empresas, empleo y participación en la actividad económica.

La discusión de fondo ya no pasa únicamente por atraer inversiones, sino por determinar cuánto de esa riqueza logra integrarse al tejido productivo argentino.

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