17 de junio de 2026

La crisis del entramado productivo se agrava: más de 14.000 empresas cerraron en un año

Con este resultado, el país acumula 25 meses consecutivos de caída interanual en el número de empresas, configurando el período más prolongado de deterioro desde que existen registros.

La economía argentina continúa mostrando señales preocupantes en uno de sus indicadores más sensibles: la supervivencia de las empresas. Los datos oficiales del Sistema de Riesgos del Trabajo (SRT) revelan que durante marzo desaparecieron 2.011 firmas empleadoras, elevando a 14.203 la cantidad de compañías que dejaron de operar en los últimos doce meses.

La persistencia de esta tendencia refleja una problemática estructural que trasciende las fluctuaciones coyunturales de la actividad económica. Detrás de cada cierre hay inversiones que se paralizan, cadenas productivas que se debilitan y puestos de trabajo que desaparecen. En ese sentido, la contracción del tejido empresarial se ha convertido en una de las principales señales de alarma sobre el estado de la economía real.

Desde la llegada de la administración de Javier Milei, la reducción del universo de empresas empleadoras alcanzó las 26.448 unidades. Paralelamente, la pérdida de empleo registrado también se profundizó. Según cifras del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), en el mismo período se destruyeron más de 216.000 puestos de trabajo formales en el sector privado y otros 22.000 vinculados al régimen de casas particulares. En conjunto, la economía perdió más de 252.000 empleos asalariados registrados.

El impacto no ha sido uniforme entre los distintos sectores productivos. La industria manufacturera aparece como una de las actividades más afectadas, con una reducción interanual del 4,5% en la cantidad de empresas, equivalente a 2.167 establecimientos menos. El comercio, tradicional generador de empleo y actividad económica, también registró un fuerte retroceso al perder 5.145 firmas, lo que representa una caída del 3,5%.

El escenario tampoco fue favorable para el sector agropecuario ni para la construcción. El primero registró una disminución del 2,3% en la cantidad de empleadores, mientras que la construcción perdió un 2,1% de sus empresas. A estos números se suma el deterioro observado en otras ramas de actividad, que en conjunto aportaron más de 5.000 cierres adicionales.

Los datos dejan en evidencia una contradicción que comienza a instalarse en el debate económico: mientras algunos indicadores macroeconómicos muestran señales de estabilización, la recuperación todavía no logra traducirse en una mejora tangible para el aparato productivo.

Por el contrario, la desaparición sostenida de empresas y la reducción del empleo formal sugieren que amplios sectores de la economía continúan operando bajo fuertes restricciones de demanda, financiamiento y rentabilidad.

A 25 meses del inicio de esta tendencia negativa, el desafío ya no pasa únicamente por recuperar niveles de actividad, sino por evitar una mayor erosión del entramado empresarial.

Cada empresa que cierra implica menos capacidad productiva, menor generación de riqueza y una recuperación futura más compleja. Los números de marzo confirman que la crisis de las empresas argentinas sigue abierta y que, por ahora, no encuentra un punto de inflexión.

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