Milei y su guerra contra el periodismo: «Cuando el poder estigmatiza, peligra la libertad»
El periodista Pablo Sirvén habló del enfrentamiento que fogonea el Gobierno de Milei con la prensa. «Entramos en una etapa más sistemática, y eso es preocupante”, dijo. También tuvo tiempo para hablar del silencio político ante los ataques, la desconfianza social creciente en el periodismo especializado en política y la falta de autocrítica de un sector del periodismo.

Sirvén advirtió sobre los riesgos que implica cuando es el propio presidente quien lidera el ataque. “Esto no es nuevo bajo el sol”, dijo y vinculó la embestida mileísta con prácticas propias de regímenes autoritarios: “En la historia contemporánea argentina, convertir al periodismo en enemigo público número uno ha sido una estrategia reiterada”.
En diálogo radial, el columnista subrayó que hasta hace poco los ataques eran esporádicos y más difusos: “Parecían golpes sueltos. A veces contra artistas, otras veces contra economistas. El periodismo aparecía de tanto en tanto. Pero ahora entramos en una etapa más sistemática, y eso es preocupante”.
Según Sirvén, el hecho de que el propio presidente Javier Milei se ubique al frente de esa ofensiva eleva el nivel de peligrosidad: “Ya no son solo trolls o bots. Cuando el jefe de Estado dice ‘no hay que sobreactuar con los periodistas’, se lanza un mensaje ambiguo que puede habilitar a los lobos solitarios. Y eso es lo más inquietante”.
En ese sentido, recordó que ya hubo casos de agresión, como el sufrido por el periodista Roberto Navarro, y advirtió que estos discursos pueden tener consecuencias reales en la calle, en un contexto social cargado de tensiones.
Silencio político y desconfianza social
Consultado sobre la falta de repudio por parte del arco político, Sirvén también vinculó esa actitud al descrédito que pesa sobre el periodismo. Una reciente encuesta muestra que el 81% de la sociedad considera que el periodismo político es poco creíble. «Eso explica en parte el silencio de la clase política y también por qué el Gobierno se siente con margen para pegar”, opinó.
Para el analista, hay algo más profundo: “En Argentina hay una tendencia muy arraigada a no reaccionar cuando se vulneran derechos. Pasó con los derechos humanos, pasó con Malvinas… Hay una mezcla de indiferencia y oportunismo”.
Sobre la crítica habitual de que el periodismo nunca se hace cargo de sus errores, Sirvén fue claro: “Como toda profesión, tenemos cosas para rever. Pero no me parece que el momento adecuado para la autocrítica sea cuando el poder te empuja y te agrede. Esa revisión tiene que hacerse de adentro, no porque el presidente nos mande al rincón”.
Admitió, sin embargo, que las redes sociales desmoronaron el pedestal desde el cual muchos periodistas hablaban: “Durante mucho tiempo se habló con soberbia y sin devolución. Ahora la gente responde, a veces con dureza. Eso es parte del juego democrático”. La verdadera amenaza, sostuvo, viene cuando el poder se mete en esa dinámica: “El Gobierno no entiende que hay una asimetría. Su megáfono es más fuerte y su influencia más grande. Y cuando el discurso oficial fogonea el odio, los hechos violentos pueden materializarse”.
