Milei y el Papa León XIV: cuando el ego presidencial se viste de IA y se cree el rey de la selva
Por suerte, en este país aún quedan ciudadanos, políticos y humoristas que no están dispuestos a dejar pasar estos episodios como simples excentricidades. Porque cuando el absurdo se vuelve cotidiano, la sátira se transforma en herramienta de defensa democrática.

Javier Milei lo hizo de nuevo. Cuando parecía que ya nada podía sorprender de su zoológico de exabruptos digitales, el presidente argentino decidió inmortalizar en redes sociales un nuevo episodio de su reality libertario: ilustrar con inteligencia artificial al flamante papa León XIV, celebrando el nombre pontificio como si fuera un homenaje personal. Porque claro, si se llama León, seguro es por él. ¿Quién más si no?
El nuevo pontífice, Robert Prevost —peruano de origen, estadounidense por nacionalización y ahora papa por designación divina— eligió llamarse León XIV, un gesto en honor a León XIII, reconocido por su defensa de la justicia social.
Pero para Milei, detalles como esos son apenas un molesto pie de página. Lo verdaderamente trascendente fue que alguien, en el Vaticano, pronunció la palabra “león”. Y eso basta para que el presidente entre en éxtasis simbólico, se quite la camisa metafórica y ruja frente a un espejo con marco dorado.
La publicación, adornada con una imagen generada por IA —porque nada dice «profundidad espiritual» como un render de Midjourney con filtros de Instagram—, desató una tormenta de indignación digna de encíclica. No sólo por su tono egocéntrico, sino por la superficialidad con la que trató un hecho de significancia mundial. Lo que para millones de católicos es motivo de recogimiento y celebración, para Milei fue una excusa más para reforzar su autoimagen de profeta libertario, cruzado entre Carl Jung, Ricardo Fort y un comentarista de foros de Reddit.
Las reacciones no se hicieron esperar. Victoria Tolosa Paz, con la paciencia agotada, expresó su «vergüenza ajena» ante la publicación y pidió disculpas al mundo “por el impresentable que tenemos como presidente”. ¿Cuántos presidentes en el mundo obligan a sus legisladores a ejercer como relaciones públicas para el universo?
Maximiliano Ferraro, más creativo en el insulto, definió a Milei como “irrespetuoso, maleducado, megalómano, ignorante y vergonzoso”, confirmando que cuando se trata de definir al presidente, un solo adjetivo no alcanza. Gabriel Solano, por su parte, fue más irónico y le recordó al mandatario que el nuevo papa probablemente eligió su nombre en honor a la canción «El León Santillán» de Los Fabulosos Cadillacs, no por su delirio zoológico presidencial. “No se puso León por vos, gil”, sintetizó con precisión poética.
Detrás de la humorada, sin embargo, se esconde un síntoma más grave. La falta de institucionalidad, la liviandad con que se abordan temas internacionales, la personalización de cada suceso en torno al ego del mandatario y la adicción a la validación digital plantean serias dudas sobre la estabilidad simbólica del gobierno argentino. No sólo estamos ante un presidente que tuitea como influencer con complejo de Nietzsche, sino que además lo hace en horarios que hacen sospechar de si duerme, o si sueña con ovejas eléctricas libertarias.
Que Milei se haya sentido aludido por el nombre del papa no debería sorprender. Estamos hablando de un presidente que ve enemigos en los periodistas, comunistas en los centros de estudiantes y conspiraciones colectivistas hasta en los paquetes de galletitas. Que se atribuya el nombre de un pontífice es simplemente la evolución lógica de quien cree que todo gira a su alrededor: el Papa, el Congreso, la inflación… todo es parte del metaverso Milei.
