Milei respaldó a Bullrich y lanzó una dura advertencia: «Ahora voy a acelerar mucho más»
La pregunta que queda en el aire es cómo responderán los sectores que se sienten agredidos por estas políticas. Las advertencias de Milei sugieren que la administración no está dispuesta a ceder, lo que podría resultar en un ciclo de confrontación que agudice aún más la crisis social.

En un discurso cargado de tensión y reafirmación de posturas, el presidente Javier Milei ofreció un incondicional apoyo a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, durante su intervención en Expoagro 2025.
La presencia de Bullrich a su lado no fue un mero gesto protocolar; fue una declaración de intenciones en un contexto donde el gobierno enfrenta crecientes críticas por el uso de la fuerza durante las recientes manifestaciones de jubilados e hinchas, que resultaron en cientos de detenidos y heridos.
Milei, conocido por su estilo directo y sin contemplaciones, utilizó la tribuna para expresar su agradecimiento a Bullrich por «defender los valores de la República». Sin embargo, sus palabras no se limitaron al elogio.
Con un discurso que resonó entre los asistentes del sector agropecuario, Milei delineó una clara dicotomía entre «los buenos», representados por las fuerzas de seguridad, y «los malos», a quienes acusó de ser «hijos de puta» que amenazan la paz social. Esta retórica, que apela a un sentido de justicia y orden, se convierte en una herramienta de polarización en un país ya fragmentado por la crisis económica y social.
La advertencia de Milei fue contundente: «El que las hace las paga». En su visión, el accionar del gobierno no es solo una respuesta a la violencia en las calles, sino una declaración de guerra contra lo que él denomina «curros» —los intereses de aquellos que, según su interpretación, se benefician de la inestabilidad y la protesta. «Si acelero en las curvas, ahora voy a acelerar mucho más», afirmó, sugiriendo que su administración intensificará las medidas de seguridad y control social.
Esta postura militarizada frente a la protesta social plantea preguntas sobre el futuro del diálogo entre el gobierno y los sectores más vulnerables de la sociedad. El rechazo de Milei hacia las manifestaciones puede interpretarse como una estrategia de consolidación de poder, donde la represión se presenta como una respuesta legítima a quienes resisten los cambios que su administración intenta implementar.
En su retórica, Milei también hizo un llamado a la libertad, aunque su interpretación de esta idea parece estar anclada en la criminalización de la disidencia. Al señalar que «cada vez que vean a alguien pataleando es porque le terminamos cortando un curro», establece una conexión directa entre la protesta y la corrupción, un nexo que puede resultar peligroso si se considera la historia reciente de la política argentina.
El respaldo público a Bullrich, a quien Milei calificó como «la mejor ministra de la historia», refuerza la idea de que su gobierno no se detendrá ante las críticas. En un contexto donde la seguridad se ha convertido en un tema candente, el presidente parece decidido a sostener la línea dura que caracteriza a su administración, lo que inevitablemente incrementará las tensiones en un país que ya enfrenta profundas divisiones sociales.
