16 de mayo de 2026

Milei redobla su ofensiva contra el Congreso y judicializará las leyes si no prospera el veto

El mandatario, lejos de tender puentes institucionales, volvió a embestir contra los legisladores y los acusó de «desesperados» y «degenerados fiscales», mientras promete blindar su programa de ajuste bajo el dogma del superávit fiscal.

En un tono desafiante y cargado de descalificaciones, el presidente Javier Milei anunció este jueves que vetará las leyes de aumento de jubilaciones, moratoria previsional y emergencia en discapacidad aprobadas por el Senado, y advirtió que, si el Congreso insiste, recurrirá a la Justicia.

«Vamos a vetar. Y si se cae el veto, vamos a judicializar», disparó Milei desde el atril del acto por el 171º aniversario de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, en una nueva demostración de su estilo confrontativo. En su discurso, mezcló amenazas institucionales, insultos personales y un optimismo económico que contrasta con la dura realidad social del país. Las leyes cuestionadas por el Ejecutivo —que cuentan con amplio respaldo opositor— contemplan un aumento del 7,2% para todas las jubilaciones, la ampliación del bono previsional de $70.000 a $110.000, y la restitución de la moratoria para quienes no completaron los 30 años de aportes.

Sin embargo, el Presidente insistió en que tales medidas atentan contra su principal bandera política: el ajuste fiscal. «La política del superávit fiscal es permanente», remarcó, dejando en claro que su programa económico no está dispuesto a ceder ni frente al Congreso ni ante la Justicia. A pesar del veto anunciado, reconoció que el eventual impacto de las leyes sería «mínimo», ya que —según dijo— el 11 de diciembre revertirá cualquier retroceso con la nueva composición legislativa tras las elecciones.

Milei volvió a recurrir a su habitual repertorio de insultos hacia el Congreso, al que calificó como un «nido de ratas» y «madriguera inmunda». La escalada de violencia verbal contra los otros poderes del Estado no es nueva, pero se agudiza en un contexto de creciente tensión institucional. En lugar de buscar consensos, el Presidente opta por el camino de la confrontación total, apostando a la polarización como estrategia electoral.

Durante el acto, también se dio espacio para su habitual relato triunfalista. Afirmó, sin mostrar datos oficiales que lo respalden, que su gobierno sacó «a 11 millones de argentinos de la pobreza», que «la deuda no crece», y que «la inflación va a colapsar» hacia mediados del año próximo. Estas afirmaciones contrastan con los últimos indicadores sociales y económicos, que muestran un aumento de la indigencia, una desaceleración económica profunda y un poder adquisitivo en caída libre.

Milei construye así un relato dual: de un lado, un gobierno heroico que —según él— combate la casta y salva al país del colapso; del otro, una oposición a la que acusa de sabotear el ajuste en defensa de privilegios y clientelismos. En el fondo, el conflicto no es solo económico, sino profundamente institucional: el Presidente plantea una visión hiperpresidencialista donde el Congreso, lejos de ser un contrapeso, se convierte en un obstáculo a remover, ya sea por el veto, la judicialización o la estigmatización pública.

En ese marco, lo aprobado por el Senado no es solo un revés legislativo: es una señal de resistencia política frente a un modelo que concentra el poder en el Ejecutivo y lo blinda con narrativa libertaria y desprecio a las instituciones. La amenaza de judicializar lo que no puede frenar con los votos es el último reflejo de una gestión que, más que gobernar, busca imponer.

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