Milei encabezó su propio acto del Día de la Bandera en Palermo y dejó sola a Villarruel en Rosario
El presidente Javier Milei conmemoró este viernes 20 de junio el Día de la Bandera con un acto en el Campo Argentino de Polo, en la Ciudad de Buenos Aires, en un evento que, más allá del homenaje a Manuel Belgrano, volvió a dejar en evidencia las tensiones políticas dentro del oficialismo. En paralelo, y sin invitación oficial, la vicepresidenta Victoria Villarruel participó del tradicional acto en el Monumento a la Bandera en Rosario, epicentro histórico de la celebración patria.

La decisión de Milei de evitar el acto en Rosario no pasó desapercibida. Aunque se trata de una práctica con antecedentes —presidentes como De la Rúa, Duhalde y Alberto Fernández tampoco asistieron en sus gestiones—, el hecho de que Villarruel decidiera ocupar ese espacio sin el aval de Casa Rosada expuso una vez más las fisuras internas del gobierno libertario.
El vacío de protocolo hacia la vicepresidenta, quien no fue invitada al acto en Palermo, suma un nuevo capítulo a una relación que, lejos de consolidarse, parece marcada por la desconfianza y el distanciamiento político.
El jefe de Estado eligió un escenario inusual para la fecha: el Campo Argentino de Polo, donde encabezó su propio homenaje a Manuel Belgrano en el 205º aniversario de su fallecimiento. El gesto, aunque formalmente encuadrado en la conmemoración patria, también puede leerse como una señal política: Milei evita escenarios “clásicos” o “institucionalizados” como Rosario, donde las efemérides se han convertido históricamente en espacios de disputas simbólicas y mensajes de tono federal.
Mientras tanto, Villarruel se presentó en Rosario en un acto paralelo que la tuvo como figura central. Su presencia buscó compensar el vacío presidencial, pero también reafirmó su rol como figura autónoma dentro del oficialismo, aun sin respaldo explícito. Que la vicepresidenta se traslade a un acto de Estado sin invitación oficial del propio Ejecutivo refuerza la percepción de un gobierno donde las principales autoridades ya no coordinan ni siquiera las formas.
Históricamente, las presencias presidenciales en Rosario han oscilado. Carlos Menem fue el que más veces asistió (cinco en total), mientras que Néstor y Cristina Kirchner alternaron entre concurrencias y actos alternativos. Mauricio Macri, por su parte, también se ausentó en su último año, optando entonces por un evento más acotado. Sin embargo, el acto de este año se vio atravesado no solo por la elección del escenario, sino por el trasfondo político interno que terminó convirtiendo el Día de la Bandera en una postal de fractura oficialista.

Lejos de proyectar una imagen de unidad institucional, el Día de la Bandera 2025 quedó signado por el desacople entre presidente y vicepresidenta, y por la utilización de una fecha fundacional como plataforma de gestos políticos. A falta de coincidencia entre sus principales figuras, el gobierno nacional ofreció dos actos, dos discursos y, en definitiva, dos lecturas distintas del rol del Estado y del sentido de la Patria.
